29/03/2026 - Edición Nº1146

Internacionales

Presión global

Israel retrocede en Jerusalén tras presión del Vaticano y líderes mundiales

29/03/2026 | Netanyahu habilitó la misa tras críticas de Meloni, Macron y el Vaticano por la restricción al Domingo de Ramos.



El gobierno de Benjamin Netanyahu dio marcha atrás y habilitó el acceso del Pierbattista Pizzaballa al Santo Sepulcro en Jerusalén, en un giro que se explica por un factor determinante: la presión internacional y el reclamo directo del mundo católico, con el Vaticano como actor central. La decisión llega después de que la prohibición de la misa del Domingo de Ramos generara una ola de críticas globales y escalara rápidamente de incidente local a conflicto diplomático.
 

Reacción internacional y presión del Vaticano

 

Lo ocurrido en Jerusalén provocó una reacción inmediata de líderes mundiales que denunciaron una afectación a la libertad religiosa. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, calificó el hecho como una ofensa no solo para los creyentes sino para toda la comunidad internacional, mientras que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuestionó la decisión policial y pidió respeto por los lugares sagrados. En la misma línea, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, denunció un “ataque injustificado a la libertad religiosa” y exigió a Israel garantías para el ejercicio del culto.

 

Desde Roma, el impacto fue aún mayor: el Vaticano siguió de cerca el episodio y el malestar en la Iglesia católica fue inmediato, no solo por el hecho en sí, sino por su carga simbólica al tratarse del inicio de la Semana Santa en el lugar donde se originan esos rituales.

 

La rectificación de Netanyahu

 

En ese contexto, Netanyahu modificó la decisión inicial y ordenó permitir el acceso del patriarca. “He dado instrucciones […] para que se le conceda […] acceso pleno e inmediato a la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén”, afirmó, marcando un giro claro frente al costo internacional del episodio. Al mismo tiempo, buscó sostener la narrativa oficial basada en la seguridad: “En los últimos días, Irán ha atacado repetidamente con misiles balísticos los lugares sagrados” y señaló que incluso “fragmentos de misil impactaron a pocos metros” del templo, un argumento con el que intentó justificar las restricciones previas.

Seguridad versus libertad religiosa

 

Israel sostuvo que la medida no fue dirigida contra el cristianismo, sino que formó parte de un esquema general que alcanzó a las tres religiones monoteístas: “se pidió a los miembros de todas las religiones que se abstuvieran temporalmente de rendir culto”, aunque el punto crítico fue otro. La interrupción de un rito central del catolicismo, incluso sin convocatoria masiva, fue interpretada por la comunidad internacional como una línea roja cruzada.

Un conflicto que trasciende lo religioso

 

La rápida marcha atrás confirma que el impacto fue principalmente político. Netanyahu reconoció el cambio al señalar: “tan pronto como me enteré del incidente […] instruí a las autoridades para permitir al Patriarca celebrar los servicios religiosos como él deseara”, una frase que deja en evidencia que la decisión se corrigió tras la presión global.

El precedente que queda

 

Más allá de la rectificación, el episodio deja un interrogante abierto: si la seguridad puede justificar la suspensión de un rito central en el lugar más sagrado del cristianismo. En Jerusalén, donde convergen religión, política y conflicto, ese tipo de decisiones no se diluyen con el paso de las horas.

Lo que ocurrió ya no es solo una controversia puntual. Es un caso testigo del delicado equilibrio entre poder, fe y presión internacional.

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