El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, acelera la reconfiguración interna de la cartera con un nuevo cambio en un área sensible. Esta semana se oficializará la salida de Joaquín Mogaburu de la Subsecretaría de Derechos Humanos y su reemplazo por Leonardo Szuchet, un abogado con experiencia en gestiones anteriores de Mauricio Macri.

La modificación se da a menos de tres meses del desembarco de Mogaburu, lo que refuerza la idea de un proceso de ajuste interno más profundo. En el entorno de Juan Bautista Mahiques reconocen que el objetivo es consolidar un equipo propio en áreas clave, tras asumir el control del ministerio en un contexto político y judicial complejo.
El perfil de Leonardo Szuchet no es ajeno a la gestión pública. Fue jefe de Gabinete de Claudio Avruj durante el gobierno de Cambiemos y ocupó cargos vinculados a la atención a víctimas en la Ciudad de Buenos Aires. Su llegada marca una continuidad técnica en el área, pero también una señal política sobre el tipo de funcionarios que busca incorporar el ministro.
El cambio se produce en un momento sensible, pocos días después de un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura militar. Pese a eso, desde el Gobierno aseguran que no habrá modificaciones en la línea de trabajo en materia de derechos humanos, una aclaración que apunta a evitar tensiones en un terreno históricamente conflictivo.
La salida de Mogaburu se suma a otros movimientos recientes dentro del ministerio. Días atrás, se oficializó la renuncia de Alejandro Melik al frente de la Oficina Anticorrupción, donde fue reemplazado por Gabriela Zangaro, en otra señal de recambio en puestos estratégicos.
En paralelo, el Ministerio también avanzó con cambios en la Subsecretaría de Acceso a la Justicia, donde fue designada Jimena Capece en reemplazo de Tristán Corradini. Se trata de un área clave para la implementación de políticas públicas vinculadas al acceso a derechos.
El conjunto de movimientos muestra una estrategia clara de Juan Bautista Mahiques: ordenar la estructura, reforzar perfiles de confianza y consolidar control político en áreas sensibles. La incógnita es si este reacomodamiento logrará estabilizar la gestión o si abrirá nuevos frentes en un ministerio que históricamente funciona bajo alta presión política.