El diputado nacional de La Libertad Avanza, Lisandro Almirón, reconoció uno de los puntos más sensibles de la gestión de Javier Milei: el impacto de las tarifas sobre los ingresos. “Tuvieron un crecimiento asimétrico respecto al salario”, admitió, en una definición poco habitual dentro del discurso oficial.
La declaración expone una tensión central del modelo económico. Mientras el Gobierno exhibe mejoras en variables macro, el costo de los servicios básicos aparece como el principal factor de presión sobre el bolsillo. El propio Lisandro Almirón lo definió como “la parte más dura” del ajuste en esta etapa.
Aun así, el legislador defendió la estrategia oficial y justificó las medidas al describir la situación heredada como una “economía de posguerra”. En esa línea, sostuvo que la política fiscal permitió desacelerar la inflación y generar condiciones para una mejora progresiva de los ingresos.
El argumento oficial se apoya en indicadores como la estabilidad del dólar y la baja del riesgo país. Según Lisandro Almirón, estos datos reflejan una recuperación de la confianza y un marco más previsible para la economía. Sin embargo, ese diagnóstico convive con un deterioro evidente en el poder adquisitivo en el corto plazo.
La admisión del diputado revela un límite político: incluso dentro del oficialismo se reconoce que la recomposición salarial no acompaña el ritmo de los aumentos en servicios. Esa brecha se convierte en un factor de desgaste para la gestión de Javier Milei, especialmente en sectores medios y trabajadores.
De cara a los próximos meses, el Gobierno apuesta a que la mejora macroeconómica termine impactando en los ingresos. La expectativa oficial es que la economía muestre señales más claras de recuperación hacia mitad de año.
Sin embargo, el escenario sigue condicionado por una variable clave: si los salarios no logran recomponerse frente a las tarifas, el costo social del ajuste puede convertirse en un problema político mayor para Javier Milei.