La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, celebró su cumpleaños con un evento reservado en la Casa Rosada que no pasó desapercibido. En el tradicional Patio de las Palmeras, un selecto grupo de funcionarios acompañó un breve show musical que combinó protocolo y distensión en pleno centro del poder político.
La celebración tuvo como protagonista a la histórica Fanfarria Militar “Alto Perú”, perteneciente al Regimiento de Granaderos a Caballo, que sorprendió con un repertorio poco habitual.
Durante apenas ocho minutos, la banda interpretó clásicos del grupo ABBA, en una puesta que mezcló solemnidad militar con música pop internacional.

El gesto, pensado como un homenaje personalizado, generó comentarios tanto dentro como fuera del ámbito político, por el contraste entre la tradición castrense y el repertorio elegido.
Tras la presentación, Karina Milei agradeció a los músicos con una sonrisa y saludó al director de la orquesta antes de retirarse a su despacho.
El festejo contó con la participación de figuras cercanas al círculo de confianza del Gobierno. Entre los asistentes estuvieron Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados; Pilar Ramírez, jefa del bloque oficialista; y Diego Santilli, actual ministro del Interior.
También formó parte del encuentro Eduardo "Lule" Menem, uno de los armadores políticos más cercanos a la secretaria general.

La reunión, de carácter reducido, reflejó la centralidad que tiene Karina Milei dentro del esquema de poder del oficialismo.
Más allá del festejo, la figura de Karina Milei continúa consolidándose como una de las más influyentes dentro de la administración de Javier Milei.
Desde su rol como secretaria general de la Presidencia, es considerada la principal estratega política y organizadora del espacio oficialista, además de ser clave en la toma de decisiones y el armado territorial.
Su bajo perfil mediático contrasta con el peso que tiene en la estructura de poder, lo que la convierte en una figura central pero a la vez reservada.
El festejo ocurre en un contexto de alta actividad política y tensiones en distintos frentes para el Gobierno. En ese marco, el evento funcionó como un momento de distensión dentro de una agenda cargada.
Sin embargo, también reaviva el debate sobre el uso de espacios y recursos oficiales para celebraciones privadas, un tema que suele generar controversia en la opinión pública.
Aun así, desde el entorno oficial destacan que se trató de un evento breve, austero y sin impacto en la actividad institucional.
La escena -con música de ABBA resonando en la Casa Rosada- dejó una postal inusual que rápidamente captó la atención y sumó un capítulo más a la construcción simbólica del poder en la actual gestión.
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