La calle Sarmiento al 1000 dejó de ser una más en San Cristóbal. Personas que llegaban, se quedaban unos minutos en la vereda, entraban a la sala velatoria y volvían a salir en silencio, como si las palabras no alcanzaran para explicar lo que pasó.
En la Asociación Mutual de la ciudad comenzaron a velar anoche los restos de Ian Cabrera, el alumno de 13 años asesinado dentro de la Escuela Normal Mariano Moreno. Afuera, la escena se repitió durante horas: vecinos que se acercaban, motos que bajaban la velocidad al pasar, chicos apoyados contra las paredes, grupos pequeños que se acompañaban sin hablar.

Cada tanto, el silencio se quebraba. Chicos de la misma edad que Ian saliendo del lugar después de ver el féretro, acompañados por adultos que los apuraban con cuidado, como intentando sacarlos rápido de una escena que no debería existir a esa edad. Hoy, a las 10 de la mañana de hoy, el cuerpo de Ian será trasladado al Cementerio Municipal.
La presencia de fuerzas de seguridad y agentes municipales en la zona marcó el carácter excepcional del momento. En los accesos a la ciudad también hubo controles, mientras San Cristóbal quedaba en el centro de la atención nacional.
A pocas cuadras de allí, la escuela donde ocurrió el ataque también se transformó en un punto de encuentro. En la puerta del edificio, algunos globos blancos colgaban casi sin aire, y en el suelo se multiplicaban las velas encendidas. Muchas ya se habían consumido; otras seguían prendidas, alineadas junto a carteles escritos a mano. El mensaje se repetía en cada uno de ellos: pedido de justicia.

El crimen ocurrió durante el ingreso a clases, cuando un alumno de 15 años abrió fuego dentro del establecimiento. Ian, que cursaba el primer año del secundario, fue alcanzado por uno de los disparos y murió en el lugar. Otros estudiantes resultaron heridos en medio de la corrida y el caos.
Desde entonces, la ciudad quedó suspendida en una misma pregunta, que se escucha en voz baja y se percibe en cada gesto: cómo pudo pasar.