En el primer trimestre del año, la participación del Estado en la renta del campo volvió a subir, de acuerdo al relevamiento que lleva adelante la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). En este caso, más allá de la presión impositiva, la razón excluyente es el impacto de la guerra en Medio Oriente y el el bloqueo del estrecho de Ormuz.
El dato no es menor, porque en ese enclave estratégico por donde circula el 50% de la urea a nivel mundial, un fertilizante clave en la producción agrícola, especialmente para trigo. De hecho, el cereal es el cultivo más afectado y sin lugar a dudas, es el gran perdedor al momento de analizar la rentabilidad de los productores.
“Esta edición está, más que nunca, marcada por la coyuntura nacional e internacional: suba de costos como el combustible que impacta en los fletes, actualizaciones de impuestos provinciales y baja rentabilidad”, explica Nicolle Pisani Claro, economista Jefa de FADA.
Según el índice correspondiente a marzo 2026, de cada $100 que genera una hectárea agrícola, $62,5 de la renta se van impuestos nacionales, provinciales y municipales. Mientras el promedio nacional es de 62,5%, la presión más elevada es en Entre Ríos (67,6%), seguido por Buenos Aires y La Pampa (60,4%); Santa Fe (57%) y San Luis, con 55,7%.
“El aumento del Índice es una combinación de dos cosas: la suba de los costos de producción, que hace achicar la renta agrícola, y la actualización de impuestos provinciales y tasas municipales, que hace que haya más pesos a pagar por cada hectárea. Así, cuando la renta se achica, los impuestos representan una porción más grande, explicó Pisani Claro.
🌍💥 Efecto guerra Medio Oriente: sube la presión sobre el agro
— Fundación FADA (@FundacionFada) March 31, 2026
El Estado se queda con el 62,5% de la renta agrícola 📈 Son 6 puntos más que el índice anterior. pic.twitter.com/t5XGv7oA7p
Por un lado, se registró un fuerte aumento de los costos de producción. Por otro -como es habitual en esta época del año- se actualizaron impuestos provinciales y municipales, lo que también suma presión.
“Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales, genera un efecto claro: aunque los impuestos que nos cobran no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta que es menor”, agregó Antonella Semadeni, economista FADA.
Al analizar la participación del Estado en la renta por cultivos, hubo un número que sorprendió. Mientras que en girasol la presión impositiva es de 80,3%, en soja 61,6% y en maíz un 56,8%, en trigo llegó a 104,5%.
“Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, en otras palabras, que el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”, señalaron desde FADA.
Este escenario deja al trigo en una situación particularmente delicada, fuertemente condicionada por el aumento de costos y la dependencia del cultivo a insumos clave.