El 2 de abril de 2004, el entonces presidente Néstor Kirchner encabezó en Tierra del Fuego su primer acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas desde que había asumido la presidencia.
La ceremonia, realizada frente al Canal de Beagle, combinó un fuerte mensaje de reivindicación soberana, reconocimiento a los excombatientes y definiciones políticas en un contexto marcado por la crisis de seguridad tras el crimen de Axel Blumberg.
La elección de Tierra del Fuego como escenario no fue casual. Kirchner buscó reforzar la idea de una Argentina federal y reafirmar la centralidad de la cuestión Malvinas.
“La Argentina toda debería estar presente en esta fecha”, afirmó al iniciar su discurso, para luego remarcar el sentido de su presencia: “Tenía varios lugares para estar hoy, pero no puedo dejar de estar donde debo estar, junto al pueblo de Tierra del Fuego”.
En una de las frases más recordadas de esa jornada, el Presidente trazó una definición política y geográfica: “Sé que para algunos la patria termina en la General Paz; para mí termina en las Islas Malvinas”. La afirmación fue recibida con aplausos por los presentes y sintetizó el eje central del acto: la soberanía como política de Estado.
Durante su intervención, Kirchner puso el foco en el reconocimiento a los veteranos de la guerra de 1982, al tiempo que buscó diferenciar su accionar del de la última dictadura militar.
Pidió “no emparentar la lucha de los combatientes y oficiales dignos de las Fuerzas Armadas con aquellos que miraron con la nuca al pueblo y cometieron los atropellos que cometieron”. Y agregó que “la lucha de ese 2 de abril no significó una decisión loca o suicida”, en contraposición a lecturas críticas sobre el inicio del conflicto.
En esa línea, sostuvo que los valores de quienes combatieron “deben ser el basamento claro de la Argentina que queremos construir” y recordó con énfasis a los caídos y a sus familias: “Siempre los vamos a recordar, siempre los vamos a valorar y siempre los vamos a tener en nuestro corazón”.
El homenaje estuvo atravesado por datos que reflejaban la dimensión del conflicto: 649 muertos en combate, más de mil heridos y una cifra que comenzaba a visibilizarse con fuerza en esos años, la de más de 260 excombatientes que se habían suicidado tras la guerra.
Otro de los ejes del discurso fue la reafirmación del reclamo argentino sobre las Islas Malvinas. Kirchner dejó en claro que la recuperación debía darse por la vía diplomática, pero sin concesiones: “Las Malvinas serán argentinas por el diálogo, por la paz, pero con firmeza y sin renunciar a los valores”.
También advirtió que no se haría “nada que sea de rodillas”, en una señal hacia el Reino Unido y hacia la política exterior que buscaba consolidar su gobierno.
En paralelo, funcionarios como el canciller Rafael Bielsa y el ministro de Defensa José Pampuro reforzaron esa línea, rechazando cualquier condición que implicara reconocer soberanía británica sobre las islas.

Aunque centrado en Malvinas, el mensaje presidencial no estuvo aislado del contexto político. La masiva movilización del día anterior por el caso Blumberg atravesó el clima del acto y las preocupaciones del Gobierno.
Kirchner deslizó una referencia indirecta a la situación interna al señalar que “no nos engañemos más argentinos, las cosas que nos pasan también tienen intereses concretos” y que “cuando hay argentinos que nos animamos a levantar la voz y a marcar otro rumbo esos intereses se vuelven a mover”.
En paralelo, ya había expresado públicamente la necesidad de “hacer limpieza” en la Policía Bonaerense, en respuesta a la crisis de seguridad, lo que evidenciaba la tensión política del momento.
El acto también se dio en un contexto particular en la relación del Gobierno con las Fuerzas Armadas. Apenas días antes, Kirchner había impulsado gestos de fuerte contenido simbólico, como el retiro de los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone del Colegio Militar.
En ese marco, la ceremonia en Tierra del Fuego combinó reivindicación a los excombatientes con un intento de reconfigurar el vínculo institucional con los militares. “Queremos reparar el olvido que sufrieron los veteranos”, se planteó durante el acto, en sintonía con una política de reconocimiento que el Gobierno comenzaba a impulsar.
Tras el acto, se mezcló con el público, saludó a los presentes y se mostró cercano a los excombatientes y sus familias.