02/04/2026 - Edición Nº1150

Política

Intelectuales anti-K

“Malvinas, una visión alternativa”: el texto que desató un terremoto político en 2012

02/04/2026 | El texto estaba firmado por Juan José Sebreli, Beatriz Sarlo y Fernando Iglesias, entre otros. Las respuestas de Aníbal Fernández y Daniel Filmus.



En febrero de 2012, a pocas semanas de cumplirse los 30 años de la guerra de Malvinas, un grupo de 17 intelectuales argentinos difundió un documento titulado “Malvinas: una visión alternativa” que generó un verdadero terremoto político y mediático.

El texto proponía revisar críticamente el enfoque histórico del reclamo argentino y abrir el debate sobre la autodeterminación de los habitantes de las islas, en contraposición con la posición oficial sostenida por el Estado.

El documento rompió con el consenso predominante y abrió un debate incómodo tanto para el oficialismo como para buena parte de la oposición.

Una conferencia suspendida por la tragedia de Once

Los autores del texto tenían previsto presentar públicamente el documento en una conferencia de prensa durante febrero de 2012.

Sin embargo, la actividad fue suspendida tras la conmoción nacional generada por la Tragedia de Once, que dejó 51 muertos y cientos de heridos en la estación ferroviaria porteña.

La suspensión no impidió que el contenido se difundiera rápidamente y generara repercusiones inmediatas en el ámbito político, académico y periodístico.

Un planteo que cuestionó la “causa Malvinas”

El texto proponía revisar lo que definía como una “adhesión acrítica” a la causa Malvinas y planteaba la necesidad de repensar la estrategia argentina. Entre sus puntos más controvertidos, sugería reconocer a los habitantes de las islas como sujetos de derecho y considerar el principio de autodeterminación como eje de una eventual negociación.

Los firmantes —entre ellos Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Jorge Lanata y Santiago Kovadloff— argumentaban que la política tradicional argentina debía ser revisada a la luz de los valores democráticos y los derechos humanos incorporados a la Constitución en 1994.

Juan José Sebreli, otro de los intelectuales que firmó el documento

Repercusiones políticas: críticas desde el oficialismo y la oposición

Las reacciones no tardaron en llegar. Dirigentes de distintos espacios cuestionaron duramente el contenido del documento.

El entonces senador Aníbal Fernández sostuvo que el grupo funcionaba como “brazo de palanca para que la oposición multimediática local e internacional haga presión con sus dichos y opiniones”.

Por su parte, el senador Daniel Filmus fue aún más crítico al señalar que “esta posición es peor que los argumentos ingleses”, cuestionando que el texto dirigiera sus críticas principalmente hacia la Argentina y no hacia el Reino Unido.

Desde el socialismo, el diputado Roy Cortina consideró que el documento “carece de sustento jurídico y atenta contra el reclamo histórico de soberanía”.

Las críticas coincidieron en señalar que el planteo debilitaba la posición argentina en el plano internacional, especialmente en relación con resoluciones de la ONU que reconocen la disputa de soberanía.

El documento completo: “Malvinas: una visión alternativa”

A tres décadas de la trágica aventura militar de 1982 carecemos aún de una crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina. Entre los motivos de aquel respaldo no fue menor la adhesión a la causa-Malvinas, que proclama que las islas son un “territorio irredento”, hace de su “recuperación” una cuestión de identidad y la coloca al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país.

Un análisis mínimamente objetivo demuestra la brecha que existe entre la enormidad de estos actos y la importancia real de la cuestión-Malvinas, así como su escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan. Sin embargo, un clima de agitación nacionalista impulsado otra vez por ambos gobiernos parece afectar a gran parte de nuestros dirigentes, oficialistas y de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de “política de Estado”. Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país.

Una revisión crítica de la guerra de Malvinas debe incluir tanto el examen del vínculo entre nuestra sociedad y sus víctimas directas, los conscriptos combatientes, como la admisión de lo injustificable del uso de la fuerza en 1982 y la comprensión de que esa decisión y la derrota que la siguió tienen inevitables consecuencias de largo plazo. Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional.

En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean. La afirmación obsesiva del principio “Las Malvinas son argentinas” y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños.

La República Argentina ha sido fundada sobre el principio de autodeterminación de los pueblos y para todos los hombres del mundo. Como país cuyos antecedentes incluyen la conquista española, nuestra propia construcción como nación es tan imposible de desligar de episodios de ocupación colonial como la de Malvinas. La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz.

Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional, no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros. La sangre de los caídos en Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables.

Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica. Los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni por la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación. Ojalá que el 2 de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declamaciones patrioteras sino que sirvan para que los argentinos –gobernantes, dirigentes y ciudadanos– reflexionemos juntos y sin prejuicios sobre la relación entre nuestros propios errores y los fracasos de nuestro país.

Firman: Emilio de Ipola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Daniel Sabsay, Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli.

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