La propuesta de aplicar impuestos a las grandes riquezas en Perú, defendida por el candidato Ronald Atencio, se presenta como una solución directa a la desigualdad. Sin embargo, en términos económicos reales, esta medida enfrenta restricciones estructurales que la convierten en un instrumento de alto riesgo para una economía que aún depende fuertemente de la inversión privada y la estabilidad macroeconómica.
El argumento redistributivo parte de una premisa válida —la existencia de brechas sociales—, pero ignora la composición real del capital en Perú. A diferencia de economías desarrolladas, donde la riqueza está ampliamente diversificada y registrada, en Perú gran parte del patrimonio es ilíquido, informal o vinculado a sectores productivos como minería, agroindustria y servicios. Esto dificulta su valuación y abre espacios para evasión o relocalización de capital.
Desde la teoría económica, los impuestos al patrimonio generan efectos directos sobre la acumulación de capital. Al gravar activos en lugar de flujos de ingresos, se introduce un costo adicional que reduce la rentabilidad esperada de largo plazo. En economías abiertas como la peruana, esto puede traducirse en salida de capitales o en una menor atracción de inversión extranjera directa.
Además, la experiencia comparada muestra resultados ambiguos. Países europeos que implementaron impuestos similares —como Francia o Suecia— terminaron eliminándolos tras observar fuga de capitales, caída en la base imponible y baja recaudación efectiva. En ese sentido, replicar estos instrumentos sin considerar el contexto institucional peruano puede generar más distorsiones que beneficios.
Otro punto crítico es la capacidad del Estado para implementar y fiscalizar un impuesto de este tipo. Perú enfrenta limitaciones en su administración tributaria, especialmente en la identificación de activos complejos y en el control de estructuras offshore. Sin una base de datos robusta y mecanismos de fiscalización eficientes, el impuesto corre el riesgo de ser simbólico o regresivo en la práctica.

En lugar de aumentar la recaudación, el efecto podría ser el contrario: una contracción de la base tributaria por desinversión o informalización. En economías con alta elasticidad del capital, pequeñas variaciones en la carga fiscal pueden generar cambios significativos en las decisiones de inversión. En este escenario, la propuesta no solo pierde efectividad redistributiva, sino que puede comprometer el crecimiento económico y el empleo.
🇵🇪 El candidato presidencial de izquierda en Perú, Ronald Atencio:
— Progresismo Out Of Context (@OOCprogresismo2) March 31, 2026
“Aplicaremos impuestos a las grandes riquezas, vamos a redistribuir la riqueza”.
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