05/04/2026 - Edición Nº1153

Internacionales

Nueva política migratoria

Europa avala centros de deportación fuera de la Unión Europea

01/04/2026 | El plan, impulsado por Grecia y otros gobiernos, busca trasladar migrantes rechazados a terceros países y endurecer el control fronterizo.



La política migratoria europea atraviesa uno de sus cambios más profundos en décadas. El Parlamento Europeo aprobó un esquema que habilita a los países del bloque a crear centros de deportación fuera de la Unión Europea, una herramienta pensada para acelerar expulsiones y reducir la presión sobre las fronteras.

La decisión se inscribe dentro del nuevo Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea y refleja un diagnóstico compartido por varios gobiernos: el sistema actual no logra gestionar ni devolver a quienes no califican para protección internacional.

Un cambio de paradigma

El corazón del plan son los llamados hubs de retorno, instalaciones ubicadas en terceros países donde serían enviados migrantes con solicitudes de asilo rechazadas. Allí podrían permanecer durante meses, incluso hasta dos años, mientras se organiza su expulsión definitiva.


Migrantes llegan a las costas de Grecia tras cruzar el mar Egeo en embarcaciones precarias, una de las principales rutas de acceso a Europa.

Pero el punto más sensible es otro: las personas podrían ser trasladadas a países con los que no tienen ningún vínculo, algo que rompe con el esquema tradicional de deportaciones. En la práctica, Europa pasaría de un modelo centrado en su territorio a otro que externaliza el control migratorio.

Grecia, la puerta de entrada que empuja el cambio

Grecia es uno de los países más activos detrás de esta iniciativa. Su posición geográfica la convierte en una de las principales rutas de ingreso al continente desde Asia y África, lo que la ubica en el centro de la presión migratoria.

El ministro de Migración de Grecia, Thanos Plevris, confirmó que el proyecto ya entró en fase operativa. “Ya no hablamos en términos teóricos, hablamos en términos prácticos”, afirmó en la televisión estatal ERT. Según explicó, Atenas trabaja junto a Alemania, Países Bajos, Austria y Dinamarca en la creación de estos centros, que estarían ubicados “preferiblemente en África”, aunque aclaró que esa opción no es definitiva.

Además, reveló que los ministros de los cinco países ya mantuvieron reuniones y que los equipos técnicos volverán a encontrarse en los próximos días para avanzar en un plan inicial. La lógica es clara: si no se puede deportar fácilmente desde Europa, el proceso se traslada fuera de sus fronteras.

Plevris también señaló que estos centros estarán destinados a personas cuyos países de origen no aceptan su regreso, y que su existencia funcionará como elemento disuasorio para quienes evalúan migrar sin posibilidades reales de obtener asilo.

El problema que busca resolver

Detrás de la medida hay un dato clave: menos del 20% de los migrantes cuya solicitud es rechazada termina abandonando efectivamente la Unión Europea. Las razones son múltiples. Muchos países de origen no aceptan el retorno de sus ciudadanos, los procesos legales son largos y las garantías judiciales dentro del bloque dificultan las expulsiones rápidas.


El Parlamento Europeo aprobó nuevas reglas que permiten crear centros de deportación fuera del territorio del bloque.

Este cuello de botella se arrastra desde la crisis migratoria de 2015, cuando más de un millón de personas llegaron a Europa, y volvió a intensificarse con los conflictos recientes en África y Medio Oriente.

El plan cuenta con el respaldo de gobiernos que reclaman mayor control migratorio, pero también enfrenta fuertes cuestionamientos. Organizaciones de derechos humanos advierten que estos centros podrían derivar en detenciones prolongadas y en condiciones difíciles de supervisar, especialmente si se instalan en países con sistemas institucionales más débiles.

También señalan que la medida implica trasladar la responsabilidad europea a terceros países, lo que abre interrogantes sobre el respeto al derecho de asilo.


Los centros de retorno buscarían alojar a migrantes con asilo rechazado mientras se gestiona su deportación a sus países de origen.

Un modelo que puede marcar época

Más allá de la polémica, el avance legislativo deja algo claro: Europa está probando un nuevo enfoque. Si se implementa, el sistema podría convertirse en referencia para otros países que enfrentan desafíos similares, consolidando una tendencia global: gestionar la migración fuera de las propias fronteras.

Como parte de esta estrategia, Plevris adelantó que viajará a Roma para reunirse con sus pares de Italia y España, además de mantener contactos con países de origen como Pakistán para reforzar los acuerdos de retorno. El impacto real dependerá de cómo se apliquen estos centros en los próximos meses. Pero el mensaje político ya está dado: el continente avanza hacia un modelo más restrictivo, más externalizado y más controvertido.