Un estudio de la Universidad de Stanford reveló que la exposición intensiva a ciertos estímulos durante la infancia puede alterar físicamente la estructura del cerebro. La investigación, publicada en la revista Nature Human Behavior en 2019, se centró en adultos que crecieron jugando apasionadamente a los videojuegos de Pokémon en la consola Game Boy. Los resultados demuestran que estos individuos desarrollaron una región específica en su corteza visual que responde preferencialmente a las imágenes de criaturas como Pikachu, Bulbasaur o Wobbuffet.
El análisis consistió en escanear la actividad cerebral de sujetos que comenzaron su vínculo con la franquicia entre los 6 y 7 años. Al mostrarles cientos de personajes, sus cerebros "se iluminaron" en un punto exacto y consistente: el surco occipitotemporal. Esta zona, ubicada justo detrás de las orejas, suele encargarse de reconocer categorías de objetos y animales, pero en estos jugadores se especializó exclusivamente en los monstruos de bolsillo. Jesse Gomez, autor principal del estudio, señaló: “Lo que fue único acerca de Pokémon es que hay cientos de personajes, y tenés que saber todo sobre ellos para poder jugar con éxito”.

La clave de este fenómeno reside en la neuroplasticidad infantil. Durante los primeros años, el cerebro es extremadamente maleable y sensible a la experiencia visual. Pasar horas memorizando y diferenciando cientos de personajes con apariencias similares entrena al órgano para "hacerse un espacio" dedicado solo a ellos. Según Gomez, el juego recompensa al niño por individualizar a cada criatura, y si ante tal estímulo no se genera una región cerebral dedicada, “entonces nunca va a suceder”.
Los investigadores también pusieron a prueba la teoría del sesgo de excentricidad, que sugiere que la ubicación de estas zonas depende de cómo vemos los objetos. Como el Game Boy tiene una pantalla pequeña y cuadrada que se sostiene a la distancia del brazo, los Pokémon siempre ocupan una parte mínima y central del campo visual. El estudio confirmó que la activación cerebral ocurrió precisamente en el área que procesa nuestra visión central o foveal, demostrando que la forma en que consumimos tecnología moldea la geografía de nuestra mente.

Para calmar las preocupaciones de los padres sobre el efecto a largo plazo de los videojuegos, los expertos de Stanford destacaron la inmensa capacidad del cerebro humano. Kalanit Grill-Spector, profesora de psicología y coautora, comparó al cerebro con un músico de jazz que improvisa nuevas melodías respetando las reglas de la música: puede crear nuevas activaciones para Pokémon sin dejar de lado otras funciones vitales. “Tenemos la capacidad de codificar muchos, muchos patrones en ese tramo de la corteza”, aseguró la profesional.
Finalmente, el equipo de investigación subrayó que tener una región cerebral dedicada a Pikachu no parece interferir con el éxito personal o profesional. Gomez, quien utilizó su propia experiencia infantil para iniciar el proyecto, bromeó sobre el perfil de los voluntarios del experimento: “Diría a esos padres que las personas que fueron escaneadas aquí tienen sus doctorados. A todos les está yendo muy bien”.