El ex presidente Mauricio Macri volverá a Chaco el próximo 17 de abril con un objetivo que excede una simple recorrida: intentar reordenar un PRO que perdió protagonismo y que hoy corre desde atrás frente al avance de Javier Milei y La Libertad Avanza.
El acto en Resistencia, en el marco del espacio “Próximo Paso NEA”, funcionará como una puesta en escena de ese relanzamiento. No es casual la elección del interior: el macrismo busca reconstruirse lejos del AMBA, donde su influencia se diluyó, y apostar a un armado más federal que le permita recuperar volumen político.
La estrategia, sin embargo, tiene una dificultad evidente. El PRO intenta mostrarse como alternativa mientras convive con un oficialismo libertario que ocupa gran parte de su electorado natural. En ese terreno, Macri ya no marca la agenda: la disputa es por no quedar absorbido.
En su entorno hablan de una “nueva etapa”, con menos foco en nombres y más en proyecto. Pero en los hechos, el propio Macri sigue siendo el principal ordenador del espacio, lo que expone una tensión no resuelta entre renovación discursiva y dependencia de liderazgos del pasado.
La movida en Chaco busca ser el puntapié de una reconstrucción territorial que el PRO necesita con urgencia. La idea es fortalecer referentes locales y recuperar presencia en provincias donde el partido quedó relegado o directamente desplazado.
El problema es que ese proceso arranca desde una posición defensiva. En varios distritos, La Libertad Avanza ya ocupa el lugar de oposición dominante, obligando al PRO a redefinir su identidad: socio táctico o competidor directo.
Esa ambigüedad atraviesa toda la estrategia. Mientras en algunos lugares hay convivencia política, en otros la disputa es abierta. El resultado es un partido que todavía no termina de definir si quiere diferenciarse o integrarse al nuevo esquema de poder.
El viaje de Macri, en ese sentido, también tiene un componente simbólico: volver a mostrarse en el centro de la escena en un momento donde su liderazgo es discutido incluso dentro de su propio espacio.
De cara a 2027, el PRO enfrenta un desafío más profundo que una reorganización: necesita justificar su existencia en un mapa político que cambió. Y en esa pelea, cada movimiento —como este desembarco en Chaco— es tanto una apuesta como una señal de urgencia.