La figura de la anestesista Chantal “Tati” Leclercq cobró una relevancia inesperada en la investigación judicial denominada “Caso Propofol”. Esta causa se originó tras el fallecimiento del anestesista Alejandro Zalazar (foto abajo), destapando una trama de presunto desvío de drogas. Leclercq es una médica residente en anestesiología que fue citada para aportar claridad sobre el manejo de sustancias.

Su nombre aparece en el expediente a partir de una ampliación de denuncia en la que brindó testimonio sobre el consumo de fármacos. En sus declaraciones, la profesional admitió haber utilizado propofol junto a Zalazar fuera del ámbito estrictamente hospitalario. Este reconocimiento la posicionó como una testigo clave para entender las dinámicas de uso indebido de medicación.
La relación entre ambos protagonistas se forjó durante la etapa de residencia en el Hospital Rivadavia, donde compartieron largas jornadas. Además, Leclercq mantiene vínculos académicos y laborales con Delfina “Fini” Lanusse, quien se encuentra actualmente imputada en la causa. La Justicia analiza si este grupo formaba una red de obtención de drogas.

A pesar de las sospechas iniciales y su cercanía con los principales involucrados, la joven médica no se encuentra imputada. Su rol en la causa es el de un nexo relevante para reconstruir cómo circulaban fármacos como el fentanilo. Los investigadores buscan determinar si existieron irregularidades sistemáticas en el manejo de estos insumos críticos.
El expediente judicial continúa avanzando con el análisis de pruebas electrónicas y nuevos testimonios de profesionales del sistema de salud. El foco principal está puesto en la vulnerabilidad de los controles hospitalarios sobre drogas de uso médico. La declaración de Leclercq fue fundamental para confirmar la existencia de estas prácticas fuera de clínicas.
