04/04/2026 - Edición Nº1152

Política

Infraestructura vial

La A012 volvió al centro de la pelea entre Caputo y Pullaro

04/04/2026 | El Gobierno nacional anticipó la cesión de la A012, pero en la provincia exigen ver la firma del acuerdo.



El anuncio fue fuerte, pero la reacción fue fría. El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró en la Bolsa de Comercio de Rosario que la Nación cederá la ruta A012 a Santa Fe. Sin embargo, en el gobierno de Maximiliano Pullaro evitaron celebrar: la promesa ya se repitió varias veces sin resultados concretos.

La desconfianza no es nueva. Desde el entorno provincial recuerdan que es la tercera vez que el funcionario nacional hace el mismo anuncio. Por eso, el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, fue directo: “Queremos ver los papeles firmados”. No hay margen para otro compromiso sin ejecución.

La A012 no es una ruta más. Se trata de una arteria clave para el esquema logístico del Gran Rosario, por donde circula buena parte de la producción agroindustrial que sale hacia los puertos. Su deterioro, tras años sin mantenimiento, se convirtió en un problema estructural que impacta de lleno en la competitividad del sector exportador.

Promesas, desgaste y una provincia que no quiere quedar expuesta

En Santa Fe aseguran que tienen listo un plan de intervención inmediata, pero todo depende de las condiciones del traspaso. La provincia podría avanzar primero con reparaciones urgentes y luego con un esquema de concesión para obras de fondo, como ampliaciones, rotondas y mejoras estructurales.

El problema es que todavía no está claro cómo sería la cesión. Según trascendió, la Nación descartó una transferencia definitiva y evalúa un esquema temporal, que podría rondar los 20 años. Ese detalle no es menor: define el alcance de las inversiones y el compromiso real del Estado nacional.

Mientras tanto, el estado de la ruta refleja el abandono. Tramos intransitables, falta de mantenimiento básico y banquinas sin intervención son parte de un diagnóstico que en la provincia repiten sin matices. El contraste entre el anuncio y la realidad alimenta el escepticismo.

En ese contexto, el gobierno de Pullaro opta por la cautela. Sigue las negociaciones de cerca, pero evita sobreactuar expectativas. La frase que resume el clima interno es tan simple como contundente: sin firma, no hay acuerdo. Y en política, cuando las promesas se repiten más de una vez, dejan de ser anuncios y empiezan a ser un problema.