La detección de una red de desinformación rusa operando en Argentina reactivó las alertas sobre la manipulación de la opinión pública. Esta organización, conocida como La Compañía, inyectó más de 250 artículos en medios digitales para desacreditar la gestión de Javier Milei. El método actual utiliza Inteligencia Artificial para crear periodistas ficticios que instalan relatos críticos sobre la economía y la política exterior.
Sin embargo, esta tecnología de "guerra híbrida" tiene sus raíces en el escándalo de Cambridge Analytica durante la campaña de 2015. En aquel entonces, el objetivo fue el electorado que llevó a Mauricio Macri a la presidencia mediante el uso de datos privados de millones de usuarios de Facebook. Ambas operaciones comparten una lógica común: explotar las emociones y la polarización para dirigir el voto.
El sistema de manipulación en el país evolucionó de la recolección de datos psicológicos en 2015 a la fabricación de identidades digitales en 2026, con una inversión extranjera que superó los 283.000 dólares en la última campaña.
La red denominada La Compañía, vinculada a los servicios de inteligencia de Rusia, ejecutó una campaña bajo el lema "Argentina no necesita una guerra ajena". El plan consistió en desacreditar el alineamiento de Milei con Ucrania mediante la difusión de noticias falsas y exageradas. Según documentos filtrados, se presupuestaron miles de dólares para "inyectar" contenido en portales de noticias de gran alcance.
Para darle veracidad a la operación, los agentes utilizaron perfiles de periodistas inexistentes creados con software avanzado. Un ejemplo es el caso de Manuel Godsin, un autor ficticio cuya foto pertenece en realidad a un ciudadano ruso. Esta táctica permitió que artículos generados por algoritmos se publicaran en medios nacionales sin pasar por filtros editoriales estrictos.

La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) confirmó que la red incluía a residentes locales encargados de coordinar los pagos. Además de la prensa, el grupo financió graffitis y pancartas en estadios de fútbol para nacionalizar la protesta contra el apoyo a Ucrania. El objetivo era aprovechar el malestar social por las medidas de austeridad para fomentar el caos institucional.
La entrada de la firma británica a la Argentina no se realizó por canales oficiales, sino a través de una red de contactos de la alta sociedad vinculados al polo. El director ejecutivo, Alexander Nix, aprovechó estos vínculos para relacionarse con figuras influyentes como Juan Pepa, cofundador de la Fundación Pro Alvear. Esta organización contaba con el padrinazgo directo de Macri, lo que facilitó el acceso de la consultora al círculo íntimo del poder.

El desembarco representó la primera profesionalización extrema del Big Data en la política argentina. Mientrasel peronismo apostaba a la movilización territorial, la coalición Cambiemos integró estas tácticas digitales en su estrategia de comunicación. Esto permitió construir un modelo de persuasión invisible para el debate público, operando directamente sobre los perfiles de los votantes.
El eje central de la manipulación fue el modelo de los "cinco grandes" rasgos de la personalidad, conocido como OCEAN. Mediante quizzes y aplicaciones de Facebook, la firma recolectó información para predecir la orientación política y religiosa de los ciudadanos sin su consentimiento. Con solo 150 "me gusta", el algoritmo conocía al usuario mejor que sus padres; con 300, mejor que su propia pareja.
Estas tácticas no buscaban solo ganar votos, sino también suprimir la participación de los oponentes. Alexander Nix se jactó de utilizar métodos de "guerra de informaciones" que incluían el uso de trolls, fake news y agentes de inteligencia para filtrar datos comprometedores de los rivales. En Argentina, se diseñó una campaña específica contra el kirchnerismo para generar un clima de desconfianza absoluta en el gobierno de turno.
Uno de los mecanismos más efectivos fue el despliegue de los "anuncios oscuros" o dark posts. Eran variaciones de un mismo mensaje que solo veía el segmento de la población al que estaban dirigidos. Estos anuncios apelaban a los "demonios internos" de los ciudadanos, como el miedo a la inseguridad o la crisis económica, sin que la oposición pudiera ejercer su derecho a réplica.
La reacción política fue divergente y estuvo marcada por la pertenencia partidaria. El diputado Leopoldo Moreau fue uno de los principales impulsores de la investigación en el Congreso de la Nación, denunciando que el país fue víctima de una "tecnología de manipulación". Moreau sostuvo en sesiones informativas que el uso de ejércitos de trolls y la segmentación psicográfica constituían un peligro para la soberanía nacional.
Por su parte, el oficialismo de aquel entonces mantuvo una postura unívoca: "no los contratamos". El jefe de Gabinete, Marcos Peña, admitió ofrecimientos de la consultora pero aseguró que fueron rechazados porque preferían trabajar con equipos propios. Sin embargo, analistas y organismos como Amnistía Internacional denunciaron que las estructuras de acoso digital funcionaban bajo la tutela de la Jefatura de Gabinete.
En el ámbito judicial, la causa principal recayó en el juzgado de María Romilda Servini de Cubría. El expediente investiga presuntos delitos de estafa, tráfico de influencias e incumplimiento de los deberes de funcionario público. A pesar de la gravedad de los cargos, el avance ha sido lento, y analistas judiciales califican el desempeño de los magistrados como propio de "tiempistas" que esperan climas políticos propicios para resolver.
Un punto de inflexión ocurrió en 2016 con la firma de un convenio para que el gobierno accediera a las bases de datos de la ANSES. Este movimiento permitió cruzar información estatal detallada de millones de ciudadanos con los perfiles psicográficos obtenidos en redes sociales. La técnica de microsegmentación se perfeccionó utilizando recursos públicos para fines partidarios, eliminando los filtros del periodismo independiente.
La evolución tecnológica muestra un salto de la recolección masiva de datos al uso de la inteligencia artificial. En 2015, se necesitaba que miles de personas instalaran aplicaciones para acceder a sus contactos; hoy, los algoritmos pueden fabricar noticias enteras y distribuirlas de forma masiva sin rastro humano aparente.
TM