Tadeo Jones es de esos artistas difíciles de encasillar. Escenógrafo, escultor, performer y docente, pasó por El Living de NewsDigitales y explicó su camino construido desde el hacer, sin una hoja de ruta clara pero con una convicción profunda. “Arranqué sin saber dónde me estaba metiendo, pero con la certeza de que lo que hiciera iba a tener pasión y eso iba a trascender”, recuerda sobre sus inicios en el teatro independiente.
Su paso por el circuito under, especialmente con el grupo Random en El Cubo, fue clave para desarrollar una identidad propia. Esa etapa, marcada por la autogestión y la experimentación, lo llevó luego a escenarios más grandes y a consolidarse profesionalmente, incluso con premios en el rubro escenografía.

Sin embargo, más allá de los logros, Jones remarca que su motor nunca fue el reconocimiento, sino la entrega. “Siempre supe que lo importante era hacer algo distinto, con amor y con una búsqueda real, no cumplir una expectativa”, explica.
Lejos del mito del artista caótico, Jones reivindica la disciplina como parte esencial del proceso creativo. Para él, la constancia y el compromiso son tan importantes como la inspiración, especialmente cuando se trata de sostener proyectos en el tiempo.
Esa mirada se trasladó a su rol como docente, que creció durante la pandemia a partir de contenidos en redes que lograron gran alcance. A partir de allí, formó una comunidad que hoy participa tanto en clases virtuales como presenciales, con un método progresivo que combina técnica y reflexión.
En sus talleres, el aprendizaje va más allá de la escultura. “No es solo modelar, es entender que cada decisión transforma la realidad. Por eso digo que la realidad es arcilla en manos de nuestra voluntad”, señala.
Su búsqueda artística lo llevó a cruzar disciplinas y crear experiencias inmersivas, como el proyecto “Materia”, donde combina escultura en vivo con música y proyecciones. Allí, el proceso creativo sucede frente al público, en tiempo real.
“Es interpretar lo que pasa y transformarlo en forma. Hay algo muy potente en esa conexión directa entre el cuerpo, la música y la materia”, describe sobre estas presentaciones que ya tuvieron lugar en espacios culturales de la ciudad.

Ese formato también implica una exigencia física y emocional particular, donde el cuerpo forma parte del proceso. “Es una entrega total, no hay red. Todo sucede en el momento”, resume.
Tras la pandemia, Jones atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. Una crisis personal lo llevó al consumo problemático y a conectar con un dolor profundo que tenía reprimido desde la infancia. “Fue como bajar a los infiernos”, define.
En ese proceso, emergió el recuerdo de un abuso sufrido de chico, lo que desató un período de desborde emocional y pérdida de control. “Mi mayor miedo era la locura, y en un momento sentí que la estaba viviendo”, admite.
Ese quiebre lo obligó a detenerse y pedir ayuda. “Ahí entendí que solo no se sale. Necesitás acompañamiento, profesionales, familia. Es clave dar ese paso”, remarca.
La internación en un neuropsiquiátrico fue un punto extremo, pero también transformador. “Fue durísimo, pero también una de las experiencias más fuertes y enriquecedoras que viví”, cuenta sobre ese período.
Incluso allí, volvió a activar su capacidad de generar comunidad, organizando dinámicas entre los internos y creando espacios de contención. “Entendí que incluso en los lugares más vulnerables se puede cambiar algo”, sostiene.

El contacto con otras historias le permitió resignificar su propia experiencia. “La locura muchas veces está atravesada por el dolor. Entender eso cambia la mirada”, reflexiona.
El nacimiento de su hija marcó un antes y un después. “La miré y decidí que nunca más iba a consumir”, dice, sobre el momento que redefinió su vida y sus prioridades.
Hoy, se muestra enfocado en construir desde otro lugar, con una mirada más consciente y proyectada hacia el futuro. “Estoy enamorado de la vida otra vez y todo lo que hago tiene que ver con eso”, afirma.
Antes de cerrar, dejó un mensaje claro: “Si están mal, pidan ayuda”. En su historia, atravesada por extremos, queda una certeza: siempre se puede volver a empezar.