El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, anunció nuevos avances en cooperación con Turquía tras reunirse con su par, Recep Tayyip Erdogan, en Estambul. El encuentro no solo dejó definiciones en materia de defensa, sino que confirmó un giro más amplio en la estrategia internacional de Kiev, que busca transformar su experiencia en guerra en una herramienta de influencia global.
Según explicó el propio mandatario ucraniano, ambos países acordaron “nuevos pasos” en materia de seguridad, con foco en el intercambio de tecnología, conocimiento y capacidades desarrolladas durante el conflicto con Rusia. La guerra iniciada en febrero de 2022 modificó por completo el rol de Ucrania en el escenario internacional: de ser un país que dependía de asistencia militar pasó a convertirse en un actor con experiencia concreta en defensa moderna, especialmente en el uso de drones y sistemas de protección de infraestructura crítica.
Ese aprendizaje es hoy uno de sus principales activos. Kiev busca capitalizarlo mediante acuerdos con otros países, en un contexto en el que los conflictos regionales y las amenazas híbridas —como ataques a instalaciones energéticas o embarcaciones— se volvieron cada vez más frecuentes.
Uno de los puntos más sensibles abordados en la reunión fue la seguridad en el Mar Negro. Turquía, que controla el estratégico estrecho del Bósforo, una de las principales rutas del comercio energético mundial, busca evitar que la guerra escale hacia zonas que afecten directamente su economía.
En los últimos meses, incidentes con drones y ataques a embarcaciones vinculadas a puertos rusos generaron preocupación en Ankara. Uno de los casos más recientes fue la explosión de un petrolero cerca de Estambul, lo que puso en evidencia que el conflicto ya tiene impacto más allá del frente de batalla.
Para Turquía, garantizar la estabilidad en esa región no es solo una cuestión geopolítica, sino también económica: por allí circulan millones de barriles de petróleo y grandes volúmenes de gas que conectan Europa con Asia.
Además de la cooperación en defensa, los presidentes discutieron proyectos conjuntos vinculados al desarrollo de gas y a la infraestructura energética. Este punto es clave en un contexto donde Europa busca reducir su dependencia energética y diversificar proveedores tras el inicio de la guerra.

En paralelo, Ucrania avanza en una estrategia más amplia de alianzas. En las últimas semanas firmó acuerdos de seguridad con países de Medio Oriente como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, y mantiene conversaciones con otros actores de la región. El objetivo es claro: ampliar su red de cooperación y posicionarse como un socio relevante en distintos escenarios internacionales.
El rol de Turquía en este esquema es singular. Como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, mantiene vínculos con Occidente, pero al mismo tiempo conserva canales abiertos con Moscú. De hecho, fue uno de los pocos países que logró sentar a Ucrania y Rusia en una mesa de negociación en 2022, en los primeros meses de la guerra.

Erdogan insiste en mantener ese equilibrio: apoyar iniciativas de paz sin romper relaciones con ninguna de las partes. Esa posición le permite jugar un papel de mediador que, hasta ahora, ningún otro actor internacional logró sostener con éxito.
El mensaje que dejó el encuentro es claro. Ucrania ya no se presenta únicamente como un país en conflicto, sino como un actor que puede aportar soluciones en materia de seguridad, tecnología y defensa. Ese cambio de perfil, de receptor de ayuda a proveedor de experiencia, podría redefinir su lugar en la política internacional, incluso más allá del desenlace de la guerra.