El 6 de abril de 1979, el fútbol argentino giró sobre su propio eje, sin saber que iniciaba una etapa histórica que duraría 35 años. Julio Humberto Grondona, un humilde ferretero de Sarandí y por entonces presidente de Independiente, asumía la máxima autoridad de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
Su llegada al sillón de la calle Viamonte no fue por consenso ni por ser el favorito, sino por una intrincada trama política donde la aceptación de la entonces dictadura militar fue clave para que pudiera asumir.
"A mí me eligieron los clubes, no el vicealmirante Lacoste", sentenció Grondona en 1979, apenas consolidado en el poder. La frase, una declaración de principios que marcaría su gestión, apuntaba a desligarse de Carlos Alberto Lacoste, el marino de la dictadura militar que, tras el "exitoso" Mundial 78, manejaba los hilos del fútbol argentino y aspiraba a un cargo en la FIFA.
Antes de Grondona, la AFA estaba presidida por Alfredo Cantilo, pero su influencia disminuía y quedaba claro que Lacoste era quien tomaba las decisiones. Cuando se buscó un sucesor, dos nombres picaban en punta: Ignacio Ercoli, presidente de Estudiantes de La Plata, y Rafael Aragón Cabrera, presidente de River Plate.
Lacoste, hincha confeso de River, tenía a Aragón Cabrera como su estandarte, pero los logros deportivos del "Millonario" no se trasladaban a lo institucional. Ercoli, en cambio, era el favorito de los otros dirigentes y de un sondeo previo. Sin embargo, el aval de Lacoste nunca llegó para ninguno de los dos.

En un encuentro, Lacoste le explicó a Ercoli que no lo elegía, pero que respetaba no saber nada malo de él, un comentario ambiguo que lo dejó fuera de carrera. La excusa de Ercoli para bajarse fue insólita: "Viajar de La Plata a Viamonte todos los días es muy desgastante". La renuncia de los dos favoritos allanó el camino para la aparición de Grondona, quien capitalizó la baja cotización de sus rivales.
La carrera dirigencial de Grondona comenzó a los 25 años, en 1957, como uno de los fundadores y primer presidente del club Arsenal de Sarandí. En 1976, tomó las riendas de Independiente, donde logró dos Torneos Nacionales en 1977 y 1978. Esos éxitos deportivos fueron su pasaporte para la AFA.
El 6 de abril de 1979, en una asamblea ordinaria con 35 presentes, Grondona fue electo por unanimidad para suceder a Cantilo. Su primer discurso fue una declaración de intenciones: "No vengo a cambiar nada de inmediato. Hay que actuar gradualmente y reformar de a poco. Pero nada de salirse de los reglamentos ni hacer cosas a dedo. Eso no corresponde".

Lo que nadie imaginaba en ese momento era que esa frase marcaría el inicio de una era que duraría 35 años, hasta su muerte el 30 de julio de 2014. Bajo su conducción, la selección argentina ganó el Mundial 1986, disputó dos finales más (1990 y 2014), obtuvo dos Copas América (1991 y 1993) y dos oros olímpicos (2004 y 2008).
Julio Grondona construyó un poderío único, resistiendo gobiernos nacionales y movidas internas, siempre con el respaldo de la FIFA, donde llegó a ser vicepresidente. Su figura, que despertó grandes amores y odios, marcó para siempre la historia del fútbol argentino.