El peronismo empezó a reconfigurar su tablero con la mirada puesta en 2027. Gobernadores, dirigentes territoriales y referentes nacionales activaron movimientos para evitar una nueva fragmentación en un escenario político todavía inestable, donde la discusión ya no pasa solo por nombres sino por reglas de juego.
En ese contexto, la incertidumbre sobre las PASO aceleró un debate clave: cómo ordenar la competencia interna. Sin un mecanismo definido, distintos sectores comenzaron a coincidir en la necesidad de una interna abierta que legitime liderazgos y evite definiciones cerradas. La idea, resistida en otros momentos, hoy aparece como un posible punto de equilibrio.
Los gobernadores dieron una primera señal de coordinación. La foto en Tierra del Fuego entre Axel Kicillof, Ricardo Quintela y Gustavo Melella funcionó como un gesto político con proyección. No resuelve la interna, pero marca una intención: construir volumen y evitar la dispersión que debilitó al espacio en los últimos años.
En paralelo, el factor Cristina Fernández de Kirchner sigue atravesando todas las discusiones. Aunque algunos dirigentes buscan bajarle el tono a su centralidad, su peso político continúa siendo determinante a la hora de pensar cualquier esquema de liderazgo. La tensión no desaparece: se reconfigura.
Dentro de ese esquema, Máximo Kirchner juega un rol activo. Su estrategia combina presión interna y llamados a la unidad, mientras refuerza vínculos con sectores sindicales y territoriales. Sus movimientos, sin embargo, también generan ruido en otros espacios del peronismo, especialmente cuando se cruzan con intereses provinciales.
Por su parte, Sergio Massa avanza con un armado más silencioso pero sostenido, con eje en una construcción federal que le permita recuperar centralidad. La lógica es clara: acumular volumen político sin exponerse prematuramente en una interna que todavía no tiene reglas definidas.
El que aparece mejor perfilado en este escenario es Kicillof, que ya despliega una estrategia con proyección nacional. A través de su armado político, busca trascender la provincia de Buenos Aires y consolidarse como una referencia dentro del espacio.
La incógnita sigue abierta. El peronismo enfrenta un dilema que no es nuevo: construir unidad sin anular la competencia. La diferencia es que esta vez el margen de error es menor. Si no logra ordenar su interna, el riesgo de repetir la fragmentación vuelve a estar sobre la mesa.