La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entró en una fase crítica marcada por amenazas directas, propuestas rechazadas y un riesgo creciente de escalada regional con impacto global.
El gobierno iraní dejó en claro que no aceptará un alto el fuego temporal. En respuesta a una propuesta impulsada por mediación internacional, Teherán planteó que cualquier acuerdo debe incluir un fin definitivo de las hostilidades, junto con condiciones más amplias como el levantamiento de sanciones, la reconstrucción del país y garantías de seguridad en la región.
Entre los puntos presentados también figura un protocolo para el tránsito seguro en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas del mundo. Desde el inicio de los ataques a fines de febrero, Irán mantiene un control estricto sobre esta vía, utilizándola como una de sus principales herramientas de presión.
La respuesta desde Washington fue inmediata y contundente. El presidente estadounidense, Donald Trump, rechazó la propuesta iraní y fijó un ultimátum con plazo concreto para alcanzar un acuerdo que garantice la reapertura del estrecho. En declaraciones públicas, el mandatario advirtió que, de no cumplirse sus condiciones, Estados Unidos podría lanzar un ataque masivo contra la infraestructura iraní. Mencionó explícitamente centrales eléctricas y puentes, y aseguró que el país podría ser neutralizado en una sola noche.
Las afirmaciones generaron una fuerte reacción en Teherán. Desde el alto mando militar calificaron los dichos como “arrogantes” y “sin fundamento”, mientras funcionarios civiles impulsaron acciones simbólicas de resistencia, como convocar a la población a proteger instalaciones estratégicas formando cadenas humanas. Especialistas en derecho internacional advirtieron que ataques deliberados contra infraestructura civil podrían constituir crímenes de guerra, lo que suma un nuevo elemento de tensión a un escenario ya altamente volátil.
En paralelo, los enfrentamientos sobre el terreno continúan intensificándose. Irán denunció un ataque contra la prestigiosa Universidad Sharif en Teherán, donde resultaron dañadas instalaciones vinculadas a investigación tecnológica. Las autoridades prometieron represalias y acusaron a sus adversarios de ampliar el conflicto hacia objetivos civiles y académicos.
Por su parte, Israel confirmó operaciones aéreas contra instalaciones militares iraníes, incluyendo aeropuertos y complejos vinculados a la Guardia Revolucionaria. También apuntó a infraestructura energética, en lo que describió como un intento de debilitar las fuentes de financiamiento del aparato militar iraní.
La guerra ya se expandió más allá de las fronteras iniciales. Hubo ataques contra instalaciones en países del Golfo y enfrentamientos en el Líbano, donde el conflicto con grupos aliados de Irán se volvió uno de los focos más intensos.
El conflicto, que lleva varias semanas, ya dejó miles de muertos en toda la región. Solo en Irán se registran más de tres mil víctimas, mientras que en otros países el número también crece a medida que se amplían los frentes de combate. Además, la guerra impacta de lleno en la economía mundial. La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz disparó los precios de la energía y encendió alertas sobre posibles interrupciones en el suministro global.
En ese contexto, también se llevó a cabo una operación de rescate que permitió recuperar a un piloto estadounidense cuyo avión había sido derribado, en un episodio que fue utilizado por el gobierno norteamericano para reforzar su narrativa en medio de la escalada.
Mientras continúan los bombardeos y las amenazas cruzadas, las posiciones parecen cada vez más alejadas. Irán insiste en negociar solo un acuerdo estructural y duradero, mientras Estados Unidos presiona por una solución inmediata que garantice sus intereses estratégicos. Con el plazo fijado por Washington acercándose y sin señales de consenso, el conflicto se encamina hacia un punto de máxima tensión, con consecuencias que podrían extenderse mucho más allá de Medio Oriente.