Un fuerte malestar se instaló en la Cámara de Diputados luego de que el presidente del cuerpo, Martín Menem, acordara con el gremio UPCN una suba salarial que otorga beneficios significativamente mayores a los cargos jerárquicos que al resto del personal.
La decisión reavivó cuestionamientos internos, donde sectores de trabajadores advierten una contradicción con uno de los ejes centrales del discurso del oficialismo: la promesa de terminar con los privilegios de la “casta política”.
El esquema establece un incremento general del 10,5% para los empleados, pero suma adicionales específicos para los niveles jerárquicos: 20% para directores de área, 16% para subdirectores y 12% para jefes de departamento.
Con esa combinación, los cargos más altos alcanzan subas cercanas al 30%, muy por encima del resto del personal.
En términos salariales, un empleado de la categoría más alta llegará a percibir alrededor de 2,7 millones de pesos brutos, mientras que los de menor rango apenas superarán los 790 mil pesos.
El malestar se hizo sentir con fuerza entre los trabajadores, en especial entre el personal transitorio. “El Congreso es una fiesta de créditos y aumentos salariales para los jerárquicos mientras que los trabajadores no llegan a fin de mes”, señalaron fuentes parlamentarias.
En ese marco, varios sectores comenzaron a plantear que, lejos de recortar privilegios, la medida termina consolidando beneficios para los cargos de mayor rango dentro de la estructura legislativa.
La crítica apunta directamente a lo que consideran un desvío del discurso de campaña del oficialismo, que había puesto el foco en reducir gastos políticos y eliminar desigualdades dentro del Estado.

Desde el entorno legislativo, en tanto, argumentaron que la mejora para los cargos jerárquicos respondió a dificultades para cubrir esos puestos. “Nadie quería ocuparlos y el aumento fue la forma de incentivar que los acepten”, deslizaron.
Sin embargo, la falta de publicación oficial de la resolución al cierre de las negociaciones sumó más ruido y alimentó sospechas dentro de la propia Cámara.
El episodio no solo impacta en el clima interno de Diputados, sino que abre un frente político sensible para el oficialismo, al poner en tensión uno de sus principales estandartes discursivos.
Mientras crecen las críticas desde los trabajadores, la discusión sobre los privilegios y la “casta” vuelve al centro de la escena, esta vez dentro del propio Congreso.