La industria textil arrancó el año con una señal alarmante: enero fue el peor mes desde que hay registros.
Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), el sector operó con apenas el 24% de su capacidad instalada, lo que implica que casi 8 de cada 10 máquinas están paradas.
La caída también se reflejó en la producción, con un desplome interanual del 23,9%, muy por encima del retroceso del resto de la industria, que bajó solo 3,2% en el mismo período.

Uno de los factores centrales detrás de la crisis es el avance de productos importados a valores extremadamente bajos.
Según el relevamiento sectorial:
Más del 70% de las importaciones textiles llegan con precios considerados “distorsivos” por la industria local.

Locales cerrados en Av. Avellaneda
El dato más llamativo es que el consumo no desapareció del todo, pero cambió de forma.
Según la Fundación Pro Tejer:
Es decir, se vende más… pero a pérdida.
Además, el consumo se vuelca cada vez más hacia productos importados, desplazando la producción nacional.
La crisis ya se siente en el mercado laboral:
La caída es sostenida y sin interrupciones desde comienzos de 2024.
En este contexto, la inversión muestra señales mixtas:
El sector mantiene cierto nivel de renovación, pero con menor dinamismo.
Desde la industria advierten que la situación requiere medidas urgentes.
“Existe un patrón de importaciones a precios llamativamente bajos que distorsiona la competencia. La legislación prevé herramientas para estos casos”, señalaron desde FITA.
El planteo apunta a la necesidad de controles que eviten la competencia desleal y permitan sostener el empleo y la producción.