08/04/2026 - Edición Nº1156

Agro

Agroindustria

Javier Milei y el agro: por qué cambió el negocio en el campo argentino

08/04/2026 | En el marco de una jornada organizada por ADBlick, referentes del sector analizaron el escenario actual del agronegocio local



En el ambiente de los agronegocios, más allá de los problemas específicos de coyuntura, existe un punto en donde las opiniones coinciden: la política de reducción del gasto y la baja en la inflación del presidente Javier Milei cambió la forma de hacer negocios en el campo. 

En este contexto, el Gobierno alienta el desembarco de inversiones extranjeras. Pero si bien el campo argentino es reconocido por su innovación y eficiencia a la hora de producir, ¿está listo para recibir a los inversores?

Estos temas fueron analizados en una nueva edición del “Día del Inversor”, organizada por ADBlick —compañía dedicada al desarrollo y gestión de proyectos de inversión en el agro—, donde se analizó el contexto actual y las perspectivas de mediano y largo plazo

El encuentro también puso el foco en el rol de la agroindustria como motor productivo y generador de oportunidades de inversión.

La jornada fue moderada por José Demicheli, CEO de ADBlick, y contó con la presencia de Andrés Borenstein (economista senior en BTG Pactual); Anna Cohen (presidenta y managing partner de Grupo Cohen) y Bernardo Piazzardi (director del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral) como oradores invitados.

Punto de partida

Uno de los ejes centrales fue claro: a partir de los cambios en la política económica implementados desde diciembre de 2023, el modelo de negocios del agro dio un giro de 180 grados. Demicheli destacó que el gran desafío es diseñar modelos de negocio que capitalicen las oportunidades, sin perder de vista la complejidad del entorno.

 

“Después de tantos años de una Argentina cerrada, el sector tiene que reconvertirse. La digitalización y las nuevas tecnologías abren oportunidades que todavía no estamos aprovechando plenamente”, señaló.

 

Y agregó: “La incertidumbre va a seguir existiendo, pero las decisiones deben tomarse en función de las variables macroeconómicas”.

La variable macroeconómica

En esa línea, Borenstein sostuvo que las condiciones macro están dadas para pensar en una reactivación del negocio agroindustrial. Destacó especialmente la reducción del gasto público: “El Gobierno bajó 5 puntos del PBI; el gasto pasó de 19% a 14%. La macro está ordenada, más allá de matices”.

También valoró positivamente la política monetaria y la apertura económica del actual Gobierno, aunque consideró necesario avanzar en la eliminación de algunas restricciones. “La desregulación va en el camino correcto: Argentina estaba sobrecargada de regulaciones”, resumió.

El termómetro internacional

Anna Cohen aportó una mirada desde el frente externo a partir de su participación en el Argentina Week en Nueva York.
“La receptividad fue muy positiva y, en muchos casos, sorprendente”, señaló. También destacó el respaldo político y diplomático de Estados Unidos: “El mensaje fue claro: es el momento de invertir en Argentina”.

Según explicó, ya se anunciaron inversiones que podrían canalizarse a través del RIGI, principalmente en energía, minería, agro y economía del conocimiento. Sin embargo, advirtió sobre un contexto global desafiante: “Hay inflación a nivel mundial y mucha volatilidad. Lo que pasa afuera impacta directamente en Argentina”.

El desafío de generar proyectos

Para Bernardo Piazzardi, el principal cuello de botella no está en la macro, sino en la falta de proyectos estructurados.
“No hay proyectos listos para recibir inversión. Están faltando los ‘ADBlicks’”, afirmó. En su visión, el agro aún arrastra una lógica antigua: “Se quedó pegado a una forma vieja de hacer las cosas, pero ahora se está tocando otra música”.

 

Si bien reconoció que la macro empieza a mostrar señales de estabilidad y que los inversores internacionales vuelven a mirar al país, advirtió que el sector no está preparado para captar ese capital. “Cuando los inversores decidan avanzar, pueden encontrarse con que no estamos listos”, alertó.

 

El agro invierte anualmente unos USD 30.000 millones en producción de granos, pero solo el 10% cuenta con financiamiento bancario. “Necesitamos una banca especializada, algo que se viene reclamando desde hace décadas”, señaló.

Además, planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo basado en productividad con valor agregado. Como ejemplo, mencionó el crecimiento de cultivos como carinata, camelina y colza, vinculados a la producción de biocombustibles.
“Se viene una revolución enorme y no tiene sentido seguir compitiendo con Brasil en commodities”, concluyó.

Un nuevo modelo de negocios

Otro de los consensos del encuentro fue que el agro atraviesa un proceso de reconfiguración, que obliga a repensar los modelos de negocio.

Demicheli señaló que la producción a gran escala, especialmente en agricultura, enfrenta el fin de ciertas distorsiones que permitían sostener márgenes a partir de brechas cambiarias o alquileres sobredimensionados.

En este nuevo escenario, el foco vuelve a la productividad, la eficiencia y la gestión. Esto implica profundizar la transformación digital, mejorar los planteos productivos y optimizar la logística para sostener la competitividad. En paralelo, comienzan a surgir oportunidades en los eslabones intermedios de la cadena —el llamado “second tier”—, vinculados a servicios, tecnología y soporte productivo.

También se abren espacios de crecimiento en la ganadería, la profesionalización de la agronomía y la incorporación de tecnología aplicada. “Estamos entrando en una etapa donde el valor ya no pasa solo por producir, sino por cómo se produce. La eficiencia y la innovación van a marcar la diferencia”, concluyó.