En una sesión clave para la política ambiental y económica argentina, el Congreso aprobó la reforma de la Ley de Glaciares impulsada por el gobierno de Javier Milei junto a mandatarios provinciales de la región cordillerana.
El debate dejó fuertes cruces y uno de los momentos más intensos fue el discurso del diputado nacional Máximo Kirchner, quien cuestionó duramente la iniciativa y se entusiasmó con un cambio político en el 2027.
La modificación aprobada introduce cambios relevantes sobre la normativa sancionada en 2010, que establecía un régimen de protección estricta para los glaciares y el ambiente periglaciar como reservas estratégicas de agua. Además, brinda mayor injerencia a las provincias en la toma de decisiones.
Así, los principales ejes de la reforma son:
El oficialismo sostiene que estos cambios permitirán ampliar la matriz productiva y atraer inversiones, mientras que sectores críticos advierten sobre el riesgo de afectar reservas clave de agua dulce que abastecen a millones de personas.
Durante su intervención, Kirchner enmarcó la reforma dentro de un proceso más amplio: “Esta reforma a la ley de Glaciares viene como un complemento de lo que fue el RIGI, la ley bases, la reforma laboral”.
También cuestionó la efectividad de esas políticas: “No hay excusas para los resultados que están teniendo” y advirtió sobre el deterioro social: “El poder adquisitivo de la sociedad cada vez se aleja más del valor de las cosas más elementales”.
El diputado rechazó la idea de que proteger el ambiente sea incompatible con el desarrollo: “Ese falso antagonismo es realmente pavo”.
En ese sentido, planteó que el problema no es la inversión en sí, sino las condiciones: “Nadie dice que no vengan a invertir en nuestro país, pero una cosa es que el pueblo argentino establezca las condiciones y otra que le demos patentes de corso”.
Además, advirtió sobre las consecuencias de avanzar sobre zonas sensibles para el turismo: “Si se dañan los glaciares y las áreas periglaciares, no va a venir nadie”.
En uno de los pasajes más duros, Kirchner sintetizó su postura: “En el país donde hay un glaciar que es una de las maravillas naturales del mundo, no cuidamos los glaciares… no tiene destino lo que se está haciendo acá, se está regalando el país”.
También cuestionó la coherencia del discurso oficial en materia de soberanía: “Van todos a decir Malvinas, la tierra nuestra, y después avanzan sobre nuestros recursos”.
Hacia el cierre, el discurso tomó un tono político más enfático, con una mirada puesta en el futuro. Kirchner destacó la participación de jóvenes en el debate: “Esos miles de pibes que empujaron afuera de la protesta… eso es lo que nos debería interesar”.
Y lanzó una definición con fuerte contenido electoral: “Esos pibes les van a dar una lección histórica”, al tiempo que sostuvo que “seguramente nuestro país podrá revertir parte de esto”.
En ese marco, se entusiasmó hacia el 2027: “Con la fuerza de un pueblo y con orgullo vamos a saber revertir parte de este oprobio el año que viene”.
En ese sentido, aunque sin nombrarlo, responsabilizó a Alberto Fernández por la llegada de Javier Milei al poder: “Los pibes no tienen la culpa; los culpables son los que tenían lugares para definir y no hicieron lo que tenían que hacer”.
Mientras se desarrollaba la sesión, dirigentes de La Cámpora se manifestaron en las inmediaciones del Congreso. La intendenta de Quilmes en uso de licencia, Mayra Mendoza, expresó: “Los gobernadores ya han entregado nuestros glaciares, es decir nuestra agua”.
Además, vinculó la situación con el escenario político nacional y la figura de Cristina Fernández de Kirchner: “dejamos de ser un país normal si Cristina sigue secuestrada mientras gobierna Milei”.
Por su parte, Eduardo 'Wado' de Pedro sostuvo que “proteger el agua es soberanía” y advirtió sobre el impacto de la reforma en los recursos estratégicos.