En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se necesitaron $1,5 millones para no ser pobre en el mes de marzo, y $2,34 millones para ser clase media, de acuerdo a datos oficiales del Instituto de Estadísticas de CABA.
En el tercer mes del año, la canasta básica alimentaria, aquella que considera las calorías necesarias para sobrevivir, subió 2,9%, apenas por debajo del índice de inflación que se conoció en el día de hoy (3%).
De este modo, la línea de indigencia quedó establecida en $814.709 para una familia de 4 integrantes.
Por su parte, la canasta básica total, que incluye también bienes y servicios varios, trepó 3,4%, por encima del nivel general del IPC de la Ciudad.
Así, la línea de pobreza ascendió a $1.489.829 sin considerar el alquiler de la propiedad en la que habitan.

Quienes se ubican por encima de esa línea y hasta $1.874.288,64, el Instituto de Estadísticas considera que, si bien no son pobres, están en situación de vulnerabilidad.
En cambio, quienes perciben hasta $2.342.860,80, se incluyen en la categoría sector medio frágil.
Para ser clase media, en cambio, es preciso generar ingresos por más de $2.342.860,80.
Superados los $7.497.154,60, ya se considera “sector acomodado”.

De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, el sueldo promedio del sector privado de la economía argentina a diciembre de 2025 era de bolsillo de $1,6 millones. Sin embargo, el 50% de los trabajadores registrados privados no alcanzaba los $1,2 millones.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los ingresos privados superan la media, ubicándose apenas por encima de los $1,8 millones.
Es decir, para alcanzar los ingresos que se requiere para ser considerado clase media, se requiere un sueldo (privado) 28% superior a la media de la Ciudad, sin contemplar el alquiler de la vivienda.