El avance de la ultraderecha en Alemania abre un escenario inédito desde la posguerra: la posibilidad de que la Alternativa para Alemania (AfD) gobierne un estado. En Sajonia-Anhalt, una región del este del país, el partido encabeza las encuestas y podría incluso alcanzar una mayoría absoluta en las elecciones regionales previstas para septiembre.
El dato marca un punto de inflexión en la política alemana. Nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial una fuerza de este perfil logró acceder al poder en un estado federado.
Durante un congreso partidario en Magdeburgo, la AfD presentó un programa de gobierno de más de 150 páginas que funciona como hoja de ruta política. El documento plantea cambios profundos en materia migratoria, económica y social.
Entre sus principales propuestas aparece el endurecimiento de las políticas migratorias, con deportaciones sistemáticas y restricciones al derecho de asilo. También se incluye el concepto de “remigración”, que apunta a la expulsión de personas con antecedentes migratorios no alemanes, una idea que ya había generado polémica en el país y que ahora se instala como eje central.
El programa también deja en claro un alineamiento crítico con la política exterior actual de Alemania, especialmente en relación con Rusia. La AfD sostiene que las sanciones energéticas “no benefician al país” y propone revertirlas, además de fomentar una mayor enseñanza del idioma ruso en el sistema educativo.

Uno de los ejes centrales del plan apunta a la crisis demográfica que atraviesa Sajonia-Anhalt, el estado con la población más envejecida del país. Frente a este escenario, la AfD propone incentivar la natalidad mediante beneficios fiscales y guarderías gratuitas, dirigidas principalmente a familias de origen alemán.
El partido defiende una visión profundamente conservadora de la sociedad y plantea que la familia debe estar compuesta por “un padre, una madre y tantos hijos como sea posible”. En ese marco, vincula la baja natalidad con lo que denomina “estilos de vida no reproductivos” y propone medidas controvertidas, como la prohibición de banderas del orgullo LGBT en las escuelas.
El manifiesto también contempla reformas estructurales, entre ellas la eliminación de la financiación pública a los medios de radiodifusión en Sajonia-Anhalt, lo que generó preocupación por el impacto en la diversidad informativa. Mientras se desarrollaba el congreso partidario, cientos de personas se manifestaron en contra en las inmediaciones, reflejando la fuerte polarización que atraviesa la sociedad alemana frente al crecimiento de la AfD.

El principal candidato del partido en el estado, Ulrich Siegmund, se consolidó como una de las figuras emergentes del espacio. Con fuerte presencia en redes sociales, fue ovacionado durante el congreso tras un discurso en el que calificó las elecciones como históricas. “Recuperemos nuestro país”, afirmó, en línea con un mensaje centrado en la identidad nacional, la seguridad y el rechazo a la inmigración.
Desde otros sectores políticos, el avance de la AfD genera preocupación. Dirigentes opositores advierten que el programa del partido podría derivar en un modelo restrictivo de derechos y con rasgos autoritarios.
El debate también se extiende al plano institucional. El servicio de inteligencia interno había clasificado al partido como extremista de derecha, aunque la medida fue impugnada judicialmente. Un tribunal alemán dictó una orden provisional que impide el uso de esa denominación hasta que haya un fallo definitivo.
Aunque Sajonia-Anhalt es uno de sus bastiones, el crecimiento de la AfD se extiende a todo el país. En las últimas elecciones federales, el partido obtuvo más del 20% de los votos y 152 escaños, consolidándose como la segunda fuerza política. El programa presentado ahora es interpretado como una anticipación de lo que podría intentar implementar a nivel nacional si continúa ampliando su poder.