12/04/2026 - Edición Nº1160

Política

Interna abierta

Kicillof, Cristina Kirchner y Massa: así se reacomoda el peronismo rumbo a 2027

12/04/2026 | Kicillof avanza con su armado nacional, Cristina retrocede y Massa espera. El peronismo ya juega su interna.



El peronismo empezó a mirar el 2027 antes de resolver su presente. Sin conducción unificada ni estrategia electoral clara, los principales dirigentes del espacio activan movimientos propios mientras observan el desgaste del gobierno de Javier Milei, golpeado por la caída en las encuestas y el impacto político de las crisis internas que atraviesa la Casa Rosada.

En ese tablero fragmentado, Axel Kicillof es el que más se mueve. El gobernador bonaerense avanza con el Movimiento Derecho al Futuro (MdF) como plataforma de construcción nacional, con despliegues en distintos distritos y una premisa clara: evitar repetir la experiencia del Frente de Todos. “No nos puede pasar que ganemos una elección y después no podamos gobernar”, planteó, en un mensaje que apunta tanto al futuro como a las fallas del pasado reciente.

El armado del MdF no siempre es visible. En varias provincias, dirigentes trabajan para una eventual candidatura de Kicillof sin blanquear su pertenencia, en un intento de no tensionar relaciones locales todavía necesarias. Ese esquema convive con vínculos complejos: legisladores que responden a gobernadores peronistas pero votan sistemáticamente con el oficialismo en el Congreso.

La tensión también atraviesa su relación con Cristina Kirchner. Kicillof no rompe, pero tampoco acepta una conducción cerrada. La experiencia de Alberto Fernández como presidente condicionado funciona como advertencia interna. El gobernador busca autonomía sin dinamitar el vínculo, un equilibrio que por ahora se sostiene, pero que nadie garantiza hacia adelante.

Internas, gobernadores alineados a Milei y nuevos jugadores en escena

El conflicto se profundiza en las provincias, donde el peronismo muestra su mayor nivel de fragmentación. Gobernadores como Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz fortalecen su relación con el Gobierno nacional a partir de acuerdos legislativos, mientras preservan poder territorial. Esa doble lógica erosiona cualquier intento de conducción centralizada.

Al mismo tiempo, crecen las disputas internas. En Jujuy, la intervención del PJ impulsada por el kirchnerismo terminó judicializada y dejó al descubierto un malestar más amplio contra la conducción de Cristina Kirchner. Dirigentes que reclaman mayor apertura cuestionan el esquema de decisiones verticales y piden internas reales, en un partido que empieza a mostrar fisuras estructurales.

Ese desgaste impacta directamente en la figura de la expresidenta. Aunque conserva centralidad, su capacidad de ordenar al conjunto es cada vez más limitada. Su rol empieza a correrse hacia la articulación, mientras otros dirigentes se animan a disputar poder sin pedir permiso.

En ese escenario, aparecen nuevas ambiciones. El senador Sergio Uñac empezó a moverse con perfil propio, con un discurso federal y cercanía a sectores productivos. Su posicionamiento en debates como la Ley de Glaciares lo muestra dispuesto a diferenciarse del bloque mayoritario del peronismo y disputar liderazgo.

En paralelo, los movimientos transversales empiezan a marcar tendencia. Las reuniones de Kicillof con dirigentes como Emilio Monzó y Nicolás Massot reflejan un intento de ampliar la base política más allá del peronismo tradicional. Son gestos que, sin ser alianzas formales, muestran que la reconstrucción opositora podría no respetar las fronteras partidarias clásicas.

Más silencioso, pero activo, Sergio Massa observa el tablero. Mantiene reuniones con empresarios, gobernadores e intendentes desde sus oficinas en Retiro y evita exponerse públicamente. Dice que no será candidato, pero se reserva un rol clave en la construcción de unidad, una posición que ya ocupó en otros momentos de crisis del peronismo.

La síntesis es clara: el peronismo se mueve, pero sin orden. Con varios dirigentes en modo candidato, gobernadores que negocian con el oficialismo y una conducción que ya no disciplina como antes, el espacio entra en una etapa de redefinición profunda. El 2027 parece lejano, pero la disputa por el liderazgo ya empezó.