El Ministerio de Salud oficializó la Resolución 463/2026, mediante la cual se aprueba el Plan Nacional de Calidad en Salud 2026-2030, una hoja de ruta estratégica que busca reformular los estándares de atención, fortalecer la seguridad del paciente y mejorar la eficiencia del sistema sanitario argentino.
La medida, firmada por el ministro Mario Lugones, actualiza el esquema vigente desde 2021 y propone un cambio estructural basado en una “cultura de calidad” con eje en las personas, la evidencia científica y la mejora continua.
Se da en un contexto de fuertes críticas de la oposición por el recorte presupuestario en el área, donde recientemente se eliminó el plan Remediar, que garantizaba medicamentos gratuitos en centros de salud
El nuevo plan parte de un diagnóstico crítico del sistema sanitario, marcado por problemas de fragmentación, debilidades en la implementación de estándares y limitaciones en la formación continua de los equipos de salud.
Según el anexo oficial, “el escenario presente requiere transitar el camino hacia la excelencia a través de un proceso complejo de profunda transformación”, con un enfoque centrado en la calidad, la seguridad y la equidad en la atención.
Los datos que sustentan la iniciativa son contundentes: a nivel global, más de 1 de cada 10 pacientes sufre daños durante su atención y hasta el 80% de esos eventos serían evitables, lo que refuerza la necesidad de intervenir sobre la calidad del sistema.
El plan tiene como finalidad “fortalecer la rectoría y la gobernanza del sistema de salud” y consolidar una política pública que garantice servicios seguros, eficaces y humanizados.
En ese marco, se plantea:
El núcleo del plan se organiza en cuatro líneas de acción, que estructuran las políticas públicas en materia de calidad sanitaria para los próximos años:
La primera línea apunta a consolidar el rol del Ministerio de Salud como autoridad rectora en materia de calidad.
El objetivo es “fortalecer políticas y estrategias en calidad y seguridad de pacientes para desarrollar una cultura de calidad”, mediante herramientas regulatorias, generación de evidencia y articulación federal .
Entre las principales acciones se destacan:
La segunda línea se centra en mejorar los procesos concretos de atención sanitaria y reducir riesgos para los pacientes.
El plan propone “implementar procesos permanentes para mejorar la calidad de la atención y la seguridad de los pacientes”.
Entre sus ejes principales:
Además, se promueve una mayor participación de los pacientes y el fortalecimiento del rol de enfermería como actor clave en la calidad asistencial.

La tercera línea reconoce que la calidad del sistema depende en gran medida de la capacitación de sus recursos humanos.
Por eso, se plantea “establecer estrategias que promuevan la formación y la educación permanente en calidad y seguridad”.
Las acciones incluyen:
La cuarta línea apunta a mejorar la calidad de la información sanitaria como base para la toma de decisiones.
El objetivo es “promover la información sanitaria de calidad y la integración progresiva de registros jurisdiccionales”.
Entre las principales medidas:
El plan prevé un esquema de implementación basado en herramientas de “Buenas Prácticas”, que incluyen 59 indicadores para evaluar el desempeño del sistema.
Además, se proyecta un crecimiento gradual en la cantidad de establecimientos “comprometidos con la calidad”, junto con la incorporación de métricas específicas sobre seguridad del paciente.