En medio del escándalo que lo tiene en el centro de la escena, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, avanzó con una nueva señal de ajuste dentro del Gobierno: les exigió a los ministros recortar gastos y fijó una fecha límite para concretar los achiques.
El pedido fue realizado durante la última reunión de Gabinete en Casa Rosada, donde el funcionario instruyó a las nueve carteras a reducir un 2% los gastos corrientes y un 20% los gastos de capital. La medida alcanza a áreas clave como Economía, Salud, Seguridad, Justicia y Capital Humano, entre otras.

El plazo para cumplir con el recorte es el 30 de abril, en lo que aparece como una decisión alineada con la política de ajuste fiscal que impulsa la administración de Javier Milei, pero también como un intento de recuperar iniciativa en medio de la crisis política.
El movimiento no es casual. Un día antes de esa fecha, Adorni deberá presentarse en la Cámara de Diputados para brindar su informe de gestión, en un contexto adverso: recibió más de 4500 preguntas por parte de la oposición y llega golpeado por las denuncias judiciales en su contra.
Puertas adentro, en Balcarce 50 reconocen que el objetivo es doble: sostener el rumbo económico y, al mismo tiempo, mostrar gestión para desplazar el foco del “caso Adorni”, que sigue sumando capítulos vinculados a sus viajes y patrimonio.
Desde el oficialismo intentan bajarle el tono al impacto del recorte y aseguran que se trata de un ajuste “mínimo”, que no debería afectar el funcionamiento de los ministerios. Sin embargo, en cada área ya comenzaron a definir prioridades ante la reducción de recursos.
En paralelo, el jefe de Gabinete buscará mostrarse activo en la agenda pública. Este lunes compartirá una actividad con Karina Milei en el Instituto Malbrán, en medio de protestas anunciadas por trabajadores estatales, y no se descarta una nueva foto política en los próximos días.
El Gobierno intenta ordenar su frente interno y sostener el ajuste, pero lo hace bajo presión. Con un clima político enrarecido y la lupa judicial encima, cada movimiento de Adorni ya no se mide solo en términos de gestión, sino también de supervivencia política.