El periodismo deportivo argentino está de luto tras la muerte de Julio Ricardo López Batista, conocido simplemente como Julio Ricardo. Falleció este lunes 13 de abril de 2026, a los 87 años, luego de permanecer internado en la Clínica Zabala de Buenos Aires.
Su estilo sobrio y respetuoso lo convirtió en un referente indiscutido. A lo largo de más de seis décadas de trayectoria, se destacó por su cuidado del idioma y por dar protagonismo a los jugadores y entrenadores, evitando estridencias y manteniendo siempre un tono equilibrado del relato futbolístico.
Julio Ricardo comenzó su carrera en 1957, cubriendo partidos para la revista Noticias Gráficas. Desde allí, su voz se expandió a los principales medios del país: Radio Rivadavia, Radio Colonia, Radio Nacional, Canal 9, Canal 11, Canal 13 y ATC, entre otros.
Fue compañero de figuras como José María Muñoz, con quien alcanzó gran popularidad en las transmisiones radiales, y más tarde compartió pantalla con Marcelo Araujo en la TV Pública y con Víctor Hugo Morales, consolidando duplas históricas del relato deportivo argentino.

Su padre, José López Pájaro, también dejó huella en el periodismo al fundar el Círculo de Periodistas Deportivos de la Argentina, lo que marcó una tradición familiar en la profesión. Julio Ricardo supo honrar ese legado con una carrera que lo convirtió en maestro de generaciones. Inclusive, la propia institución bautizó un aula con el nombre de Julio Ricardo como reconocimiento a su trayectoria y a su aporte al periodismo deportivo nacional.
La causa de su muerte estuvo vinculada a problemas cardíacos crónicos y a un deterioro progresivo de su salud, que lo había mantenido internado desde marzo. Su fallecimiento se suma a la reciente partida de otros íconos como Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo, lo que profundiza el duelo en el ambiente.
El legado de Julio Ricardo trasciende las transmisiones: fue conductor de programas televisivos y radiales, participó en ciclos como Polémica en el Fútbol y Tribuna Caliente, y recibió el Premio Konex en 1980. Su voz, su estilo y su respeto por el deporte lo convirtieron en un modelo para comunicadores y en una figura irreemplazable en la memoria del fútbol argentino.