Por Facundo Pedrini

«No nací para matar a nadie»,
dice el viejo, pero mató.

Fusilar a alguien rengo mientras pide piedad en el piso o entrar 3 veces a la casa de un jubilado y clavarle un destornillador.

Si te opones a la justicia por mano propia es porque jamás te pasó: Como si el dolor solo habilitara venganza. Como si las heridas que no se transfieren te convierten en algo especial.

«A hierro mata, a hierro muere» Juicio por jurados en la carnicería, para linchar al lado de la sierra y con barbijo puesto.

«Si me roban lo que ahorré toda una vida, les lleno la cabeza de plomo»
Tribunal oral y público entre la cajera y el padre de familia que mide la
justicia social por niveles de consumo: Fravega y derechos humanos.

«Jubilado asesino o justiciero» se pregunta la TV,
mientras se pone los zapatos de golf que usa cada vez que hay una ejecución en vivo.
Walsh: El nombre de lo que quisieron ser.
Neustadt: El nombre de lo que fueron.

Aparece otro video y hay más tiros.
Y otro ángulo.
Y otro ruego.
Y más sangre.
Y más grieta.
Y un ex-ministro declara: «Uno menos»
Y el TEAM «emoción violenta» denuncia
que el virus que está en el aire
y es incurable se llama Zaffaroni.

«Son ellos o nosotros» Lo piensa Marta, que hace
acupuntura y sabe de agujas, pero también lo
dice Berni que siempre está a favor de tirar.

«La única forma que la oposición defienda a un jubilado
es cuando matá a un ladrón» dice alguien en twitter.
Y dice bien.

Todos desempatan a favor de la purga.
1 de los 2 tiene que morir.

La hija recibe un mensaje a su celular: «Te queda poco».
6 policías custodian el frente de una casa que
ya está en venta mientras investigan la
pista barrabrava que trabaja con ellos.

Para seguir, el jubilado tuvo que quitar.
Sabe que matar al mal
es perder el bien para siempre y
disparar al corazón es vivir en la bala.