¿Qué pasa con la farándula Argentina? El ambiente artístico se mezcla con el ambiente político y cada estrella tira para su lado.

Más allá de la cuarentena quejosa que artistas y estrellas llevan adelante en esta plenitud del otoño y recalculando el invierno tan temido que se viene, Susana Giménez por un lado y Dady Brieva por el otro recalentaron los ánimos con declaraciones altisonantes que explotaron en titulares y tapas de publicaciones.

Como si las estadísticas de contagiados, recuperados y las cifras letales hubiesen quedado en una segunda instancia, porque las palabras y las figuras de una diva como Susana y una figura transgresora como la de Dady se subieron a la escena del Río de la Plata para sacudir el adormecimiento generado por los partes médicos permanentes que se tomaron un respiro por algunas horas.

La que rompió con fuego verbal fue la estrella de los teléfonos cuando fue sorprendida en su residencia de «La Mary» en Punta del Este, o si preferís un lugar distinguido como Rincón del Indio, desde donde declaró que se había ido de Barrio Parque en la Argentina para instalarse con su cuarentena personal en Uruguay. Cambió de país y de sociedad.

Susana entre otras cosas confesó su cansancio de estar encerrada por su condición de grupo de riesgo por tener 76 años y que si tenía que elegir donde pasar la cuarentena, ese lugar era su espléndida casa esteña. Para eso tramitó dos veces su residencia como propietaria de un inmueble en el Uruguay y cuando por fin le autorizaron su ingreso, viajó en vuelo privado junto a su hermano Patricio y la revoltosa perrita Rita.

La estrella fue incisiva cuando habló de lo bien que le cayó el primer tramo de gobernabilidad de Alberto Fernández aunque también se quejó de la influencia del grupo La Cámpora en la actualidad, con el madrinazgo de Cristina Fernández, para incidir con respecto a las decisiones del mandatario argentino. Susana se metió con su mirada y sentimiento del populismo y los riesgos a que su Argentina se acerque a las formas vivenciales de Venezuela.

Todo se hizo grandielocuente, sobre todo en pantallas políticas donde una figura del espectáculo consagrada ganaba más espacios que los temas politicólogos genuinos manejados por sus comunicadores reales que se enamoraron de la estrella de «Sugar» y «La mujer del año».

Después Susana se cayó por la escalera, en un accidente casero rodó por sus lustrosos escalones y se luxó el codo izquierdo con traumatismo en la cadera que tiene ensambles de prótesis de titanio y recibió un reclamo sindical de su chofer personal en la Buenos Aires argentina reclamando algunos cobros que no había percibido su popular motorista Marcelo.

Casi sobre el pucho también apareció Dady Brieva polarizando la escena política y cacheteando lo dicho por su amiga Susana y hasta reprochándole a su presidente Alberto Fernández para pedirle que si vamos a ser Venezuela que no lo hagamos paulatinamente sino que hagamos la transformación ahora.

El mismo Dady que habita en el edificio más glamoroso y costoso del país habló del destino final de su país que está orientado en terminar en populismo ineludiblemente aunque no le guste a muchos. Esto alimentó el fogón político y aledaños que polarizó la farándule de adherentes y opositores que salieron a pontificar y crucificar a Susana y Dady de acuerdo a los gustos y elecciones de cada medio y cada ciudadano.

La mesa está servida, gente… Llegó la hora de entender que en democracia hay para todos los gustos y también hay que saber entender que aunque no se compartan otras elecciones y sentimientos ajenos, hay que saber aceptarlos sin compartir ni atacar otras posturas. ¿Volveremos a ver a Dady en un living de Susana?… Esperemos que sí, más allá de los amores y los ardores que los define.