Ricardo Barreda murió este lunes a los 83 años de edad. El femicida se encontraba internado en un geriátrico de José C.Paz. En el año 1992 asesino a su esposa, su suegra y sus dos hijas, en la ciudad de La Plata.

Desde el 10 de marzo, Ricardo Barreda estaba en el Hogar Del Rosario de la mencionada localidad del Gran Buenos Aires. Padecía de una fase inicial de Alzheimer y problemas en la próstata. Desde el geriátrico desmintieron que su deceso se haya producido a causa del coronavirus y que su deceso se debió a un «paro cardiorespiratorio”.

Según contaron del geriátrico Ricardo Barreda “amaneció decaído, su diuresis es escasa, la doctora indicó atb, lo estamos observando”. Finalmente a las 15.25 horas, falleció.

El múltiple crimen llevado a cabo por Ricardo Alberto Barreda tuvo lugar el 15 de noviembre de 1992 y marcó la historia judicial argentina.

En su casa de La Plata, el hombre asesinó con una escopeta a su esposa Gladys Margarita Mac Donald, sus hijas Celina y Adriana y su suegra Elena Arreche, convirtiéndose en uno de los asesinatos más celebres de la crónica policial argentina.

Barreda pasó sus últimos años en la pobreza. Sin hogar, tras vivir un año entre los pasillos del Hospital General Villegas de Pacheco -donde se decía que simulaba ser otra persona, que amenazaba a médicos y enfermeros- fue internado por un breve período en el hospital Eva Perón del municipio.

Desgastado, Barreda usaba pañales en el centro médico, tenía lagunas en su discurso, algo que varios médicos tomaron por síntomas de Alzheimer, aunque nunca fue diagnosticado.

Luego llegó a una pensión de la zona, donde el dueño lo intimó a echarlo: Barreda gritaba, hablaba solo, a veces gritaba. En la peatonal de San Martín la gente lo seguía para pedirle fotos. Se lo veía comiendo en una fonda de la zona. Decía que le era difícil recordar a sus hijas.

A mediados de 2019, el femicida fue encontrado en las calles de San Martín por un periodista quien lo entrevistó con su celular. Allí, Barreda aseguró estar “muy arrepentido” y, en caso de poder retroceder el tiempo atrás, no cometería los crímenes.

Además, confesó que le “duele mucho” lo ocurrido y planteó no querer “volver atrás” porque cuando se “revuelve mier… sale mal olor”.

Del mismo modo, el hombre contó que, tras algunos años en General Rodríguez, está viviendo en esta localidad del oeste bonaerense donde todo el mundo lo conoce y lo “trata bien”. Incluso expresó: “Es más, me esperan, me llevan a un lado, a otro, me invitan”.

En agosto del año pasado llegó de urgencia con un cuadro de neumonía escasos días después de que además, sufriera una caída en las escaleras mecánicas de la estación Constitución mientras volvía de ver a su abogado en la ciudad de la Plata.