Cayeron 16-10 con Australia en Brisbane por la segunda fecha del Rugby Championship.

Seguramente la ilusión fue la que hizo que mucha gente se levante cerca de las 6 de la mañana de un sábado para ver a Los Pumas. Ilusión fundamentada en la buena actuación frente a los All Blacks una semana atrás, cuando casi se les gana por primera vez. Y yendo un poco más atrás, en la exitosa temporada de Jaguares, cuyo impulso, tratándose prácticamente de los mismos jugadores, se veía reflejado en el seleccionado.

Pero esa ilusión se fue deshilachando. Los Pumas no jugaron como lo venían haciendo. Se vio otra cosa distinta. Más parecida a lo que mostraba en etapas anteriores que a lo que se veía en las últimas actuaciones, especialmente de la franquicia argentina. En las formaciones fijas no se conseguían pelotas claras. El scrum, especialmente, iba para atrás. Eso hace que se jueguen pelotas retrocediendo, con toda la presión del rival encima. Se cometieron errores de manejo típicos de la etapa anterior a Ledesma y, por extensión, a la de Quesada. Cuando a pesar de la mala actuación se estuvo cerca de convertir, la pelota se escurría de las manos de manera casi inexplicable, cometiendo cerca de 20 knock-ons. Y en este nivel, eso es inadmisible.

Llamó la atención la falta de intensidad. Ese sello distintivo del equipo (insisto en hablar de Pumas y Jaguares como una unidad) no viajó a Brisbane. Esa intensidad ahogaba al rival, no lo dejaba pensar. Los jugadores recibían la pelota y ya eran tackleados y tirados para atrás. La diferencia son un par de segundos y parece insignificante, pero no lo es. Y en este partido estuvo ausente.

También faltó paciencia en situaciones favorables de ataque. Y no confundir paciencia con lentitud. Se trata de la capacidad de pensar, elegir bien, no apurarse y, por ansiedad, cometer knock-ons que terminan dándole la pelota al rival y le resuelven el problema. El equipo había madurado respecto de esto. Fue un proceso que llevó tiempo. En los primeros años de Jaguares era uno de los principales déficit. Ayer pareció que volvíamos a ver aquellas viejas situaciones.

Ultimamente, cuando las cosas no salían, el equipo se refugiaba en una defensa granítica, que ayer no dio la apariencia de ser tal. Prueba de esto es la facilidad con la que Koroibete se filtra por el centro en el try de Hodge, el único de los australianos, convertido por Lealiifano que, a fuerza de certeros penales fue dando forma al resultado. De la formidable defensa se terminaba resurgiendo, y eso ayer no sucedió.

Si la diferencia fue de solo seis puntos se debió a que Australia no jugó bien tampoco. Están en un proceso que empezaba a dar señales de alarma porque no encontraban el juego que pretendían. El resultado les vino bien para serenarse, pero de ninguna manera para conformarse. Maquilla el momento y calma ánimos aunque para salir, el equipo de Cheika va a tener que mejorar bastante. Y el no sacar mayores diferencias casi les trae un dolor de cabeza cuando a seis minutos del final Facundo Isa, el mejor argentino, cae sobre el ingoal australiano metiendo el único try luego de una pelota obtenida en la cola del line y el subsiguiente maul. Si le daban vuelta el marcador en los últimos minutos la crítica habría sido feroz. Ojo, Australia puede tener momentos inciertos y hasta desconcertantes, pero a los mundiales siempre llega bien.

Al término del partido, Ledesma no anduvo con vueltas y asumió que el equipo «jugó muy mal», destacando que a pesar de eso hubo ocasiones desaprovechadas por errores propios. Todos eludieron la palabra «cansancio», después de una temporada extenuante. Es que se viene en septiembre el mundial y nadie se lo quiere perder. Sin embargo quienes vimos el partido por televisión notamos algo de fatiga. No física, ya que la preparación es impecable y todos están en magnífica forma. Pero sí mental, que hace que uno necesite algún segundo más para tomar las decisiones correctas.

Un cansancio distinto al del público argentino, que se despertó temprano para disfrutar de una actuación de Los Pumas, calentando el agua para unos mates o tomando un desayuno con olorcito a tostadas, y se quedó algo decepcionado, con la sensación de que se había dado un paso atrás. Nada grave que no pueda solucionar la semana de descanso antes de enfrentar dentro de quince días a Sudáfrica en Salta. Hay que seguir confiando porque éste es el camino. Y a no rezongar por el madrugón, que siempre puede solucionarse con una siestita de sábado.