por Redacción NewsDigitales
La provincia de Santa Fe atraviesa su hora más crítica desde el inicio de la gestión de Maximiliano Pullaro. Lo que comenzó como un reclamo por mejoras salariales y asistencia en salud mental tras el suicidio de un suboficial, se transformó en una "rebelión" de brazos caídos que ya afecta el patrullaje en las calles de Rosario y la capital provincial.

La respuesta del Gobierno santafesino fue inmediata y drástica para evitar una escalada. El ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, confirmó el pase a disponibilidad de al menos 20 agentes en Rosario y otros 60 en la ciudad de Santa Fe, a quienes se les retiró el arma reglamentaria, el chaleco y la credencial.
"Utilizar a la institución policial para minar la política de seguridad es cruzar una línea que no vamos a consentir"
— Corta (@somoscorta) February 10, 2026
Pablo Cococcioni, ministro de Seguridad de Santa Fe, anunció que hay "cerca de 20 funcionarios policiales que están siendo pasados a disponibilidad". pic.twitter.com/xWyM5OZXEq
El conflicto no quedó en el plano administrativo: el Ejecutivo impulsó denuncias penales ante el Ministerio Público de la Acusación (MPA) por el abandono de servicio que dejó a decenas de patrulleros estacionados frente a las jefaturas. La Justicia investiga ahora los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad, evaluando si el retiro de los móviles facilitó la comisión de delitos en las zonas que quedaron sin custodia.
A pesar de que el Gobierno anunció un plus de hasta $500.000 para los agentes de calle y llevó los salarios iniciales por encima del $1.600.000, el malestar persiste porque el aumento no es remunerativo y no alcanza a toda la fuerza. Sin embargo, la raíz del problema es más profunda y humana: el "desarraigo" y la salud mental.
Cientos de oficiales deben viajar más de 500 kilómetros desde el norte provincial (Vera o Reconquista) para patrullar en Rosario, perdiendo gran parte de su descanso en rutas deterioradas y viviendo en condiciones precarias.La muerte del suboficial Oscar Valdez, quien se quitó la vida frente a la Jefatura de Rosario, fue el detonante que unificó a las familias en un reclamo de "humanización" de la fuerza que hoy desborda al poder político.

El mayor riesgo ahora es político y social. La seguridad es el capital político más importante de Pullaro, quien basó su gestión en la baja drástica de los homicidios y la violencia narco. Si la "rebelión" se extiende, el gobernador se enfrenta a tres escenarios inmediatos:
El Gobierno de Santa Fe trazó una raya: no negociará la seguridad pública y acusa a sectores "corruptos y desplazados" de usar el reclamo legítimo para desestabilizar la gestión. Mientras tanto, en los portones de las jefaturas, las sirenas siguen sonando y la tensión no cede, dejando la seguridad de los santafesinos en un peligroso compás de espera.
TM