Cada año, el inicio del Ramadán depende de un detalle mínimo pero decisivo: el avistamiento de la luna creciente. El calendario islámico es lunar, por lo que la fecha cambia anualmente y se adelanta entre diez y once días respecto al calendario gregoriano. Esa variación hace que, con el paso de los años, el mes sagrado atraviese todas las estaciones.
El Ramadán es el noveno mes del calendario islámico y conmemora el momento en que, según la tradición, el ángel Gabriel reveló el Corán al profeta Mahoma en el año 610. Esa revelación es recordada especialmente durante la llamada Noche del Poder, considerada la más sagrada del año ya que marca el inicio del mensaje central del islam. Para los creyentes, no se trata solo de un hecho histórico, sino del momento en que Dios comenzó a transmitir Su palabra a la humanidad.
La importancia de esta noche está mencionada explícitamente en el Corán, en una sura dedicada a ella, donde se afirma que la Noche del Poder “es mejor que mil meses”. En términos simbólicos, eso significa que las oraciones y actos realizados durante esa noche tienen una recompensa espiritual superior. Por eso muchos musulmanes pasan esa noche rezando, recitando el Corán y pidiendo perdón.

Durante aproximadamente 30 días, los musulmanes practican el ayuno diario desde el amanecer hasta el atardecer. No se trata solo de abstenerse de comida y bebida. El ayuno también implica evitar fumar, mantener relaciones sexuales durante las horas diurnas y, sobre todo, controlar el comportamiento: no insultar, no discutir, no mentir.
El objetivo es espiritual. El mes está dedicado a fortalecer la relación con Dios, practicar la paciencia y cultivar la empatía hacia quienes viven en condiciones de necesidad.
La jornada comienza antes del alba con el suhur, la comida previa al inicio del ayuno. Al caer el sol, el iftar marca el momento de romperlo, tradicionalmente con dátiles y agua, siguiendo el ejemplo atribuido a Mahoma. En muchas ciudades, el atardecer se convierte en una escena colectiva: familias, vecinos y comunidades enteras se reúnen para compartir la comida.
No todos están obligados a ayunar. Quedan exceptuados los enfermos, los ancianos, las mujeres embarazadas o menstruantes y los viajeros, quienes pueden recuperar los días más adelante.

En países de mayoría musulmana como Arabia Saudita, Indonesia o Egipto, el ritmo cotidiano cambia de forma notable. Las jornadas laborales se adaptan, muchos comercios modifican sus horarios y la vida social se intensifica por la noche. Las mezquitas se llenan para las oraciones nocturnas especiales y aumenta la práctica de la caridad, uno de los pilares fundamentales del islam. Para muchos creyentes, es también el momento de completar la lectura íntegra del Corán.
Tras el último día de ayuno, el mes concluye con el Eid al Fitr, la festividad que celebra la ruptura del ayuno. Durante tres días, las comunidades se reúnen para orar al amanecer, compartir comidas, intercambiar regalos y realizar donaciones. Es un cierre festivo para un período que, lejos de ser solo una tradición religiosa, funciona como un ejercicio colectivo de introspección y cohesión social.
El ayuno del Ramadán es uno de los cinco pilares del islam, junto con la profesión de fe, la oración diaria, la caridad y la peregrinación a La Meca. Más de mil millones de personas lo practican cada año, convirtiéndolo en una de las manifestaciones religiosas más extendidas y visibles del planeta.