21/04/2026 - Edición Nº1169

Política

Delitos a todo el país

Servicio Penitenciario Bonaerense bajo la lupa: el rol de los celulares en las estafas

18/02/2026 | Especialistas advierten que detenidos mantienen acceso a comunicaciones virtuales desde cárceles de la provincia, facilitando estafas, extorsiones y fraudes.



La criminalidad digital coordinada desde cárceles de la provincia de Buenos Aires volvió a instalarse en el centro del debate sobre seguridad pública. Especialistas en la materia sostienen que el acceso a dispositivos y entornos virtuales dentro de unidades penitenciarias se consolidó como un fenómeno con impacto directo fuera de los muros, en una dinámica que ya no puede interpretarse como excepcional.

El especialista en seguridad pública y geopolítica Ricardo Ferrer Picado advierte que la problemática excede el plano estrictamente penitenciario. “Hoy existen detenidos con capacidad operativa para coordinar delitos desde el encierro. Se trata de maniobras que terminan afectando a ciudadanos en todo el país”, lamentó. Según explicó, muchas de las modalidades detectadas en investigaciones judiciales recientes incluyen ciberestafas, extorsiones telefónicas, engaños por aplicaciones de mensajería y fraudes digitales.

Un fenómeno que persiste más allá de la pandemia

Durante la emergencia sanitaria del COVID-19 se habilitaron mecanismos extraordinarios de comunicación virtual para compensar las restricciones de visitas. Sin embargo, especialistas remarcan que parte de esos esquemas continuaron vigentes incluso después del retorno a la normalidad operativa del sistema penitenciario.

Para Ferrer Picado, este punto resulta central para comprender la expansión del fenómeno. “Lo que debía ser transitorio terminó naturalizándose. El problema no es la comunicación en sí, sino la ausencia de controles tecnológicos robustos que impidan usos indebidos”, sostuvo. Desde su perspectiva, la persistencia de dispositivos dentro de cárceles amplifica riesgos operativos para la seguridad pública.

Las modalidades más frecuentes

Las investigaciones judiciales de los últimos años muestran patrones repetidos. Entre las maniobras más habituales aparecen llamados extorsivos, mensajes fraudulentos que simulan urgencias familiares, suplantación de identidad y esquemas de engaño emocional. Este tipo de delitos suele apuntar a víctimas vulnerables, especialmente adultos mayores.

La lógica operativa es conocida por los investigadores: la comunicación se inicia desde líneas o cuentas virtuales, se genera una situación de presión psicológica y se inducen transferencias de dinero o entrega de datos sensibles. En numerosos expedientes, la trazabilidad técnica termina vinculando las maniobras con dispositivos localizados en unidades penitenciarias.

Casos recientes que reactivaron la discusión

El debate volvió a cobrar visibilidad tras investigaciones recientes, entre ellas la causa federal vinculada al suicidio de un soldado ocurrido en la Quinta de Olivos, donde la Justicia analizó presuntas maniobras extorsivas coordinadas desde cárceles bonaerenses. El expediente reveló un patrón ya observado en otras jurisdicciones: el uso de teléfonos celulares como herramienta central para contactar y manipular víctimas fuera del sistema penitenciario.

Para analistas en seguridad, este tipo de casos no representa anomalías aisladas. “Son situaciones que exponen un problema estructural. La existencia de comunicaciones no supervisadas dentro de cárceles modifica por completo la lógica del encierro”, indicó Ferrer Picado (foto abajo).

El desafío para el sistema penitenciario

Desde la óptica de la seguridad pública, el fenómeno plantea un dilema operativo complejo. Las cárceles cumplen una función de aislamiento y resocialización, pero la presencia de canales de comunicación no controlados puede permitir la continuidad de circuitos delictivos.

“El objetivo no es eliminar vínculos familiares o institucionales, sino garantizar monitoreo, trazabilidad y límites efectivos. Sin un sistema de control tecnológico sólido, el riesgo persiste”, advirtió el especialista. En ese marco, remarcó que la problemática involucra no solo a las autoridades penitenciarias, sino también a la coordinación judicial y administrativa.

Un debate que crece en la agenda pública

La expansión de la criminalidad digital asociada a entornos carcelarios comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible en la agenda de seguridad. Más allá de los casos judiciales puntuales, especialistas coinciden en que el fenómeno obliga a revisar protocolos, tecnología de inhibición de señales y mecanismos de control interno.

Mientras la discusión avanza, el denominador común es la preocupación por el impacto en la ciudadanía. “La cárcel debería interrumpir circuitos criminales. Cuando ocurre lo contrario, la consecuencia se traduce en nuevas víctimas”, concluyó Ferrer Picado.

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