La tarde del 27 de febrero de 1977 quedó grabada en la memoria del fútbol argentino. En un amistoso disputado en la Bombonera, la Selección dirigida por César Luis Menotti goleó 5-1 a Hungría, pero el verdadero acontecimiento fue el ingreso de un adolescente de 16 años y 4 meses llamado Diego Armando Maradona.
"El Pelusa", como lo apodaban, había debutado en la Primera de Argentinos Juniors apenas 130 días antes y su talento ya despertaba admiración. Menotti decidió darle minutos en el segundo tiempo, reemplazando a un histórico como Leopoldo Jacinto Luque. Con la camiseta número 19, Diego pisó el césped y comenzó a escribir su historia con la celeste y blanca.
El partido fue una fiesta. Con tres goles de Daniel Bertoni y dos de Luque, Argentina se impuso con claridad. El tanto del descuento lo marcó Sándor Zombori para el equipo europeo. Sin embargo, el resultado quedó en segundo plano: lo que trascendió fue la aparición de un joven que cambiaría la historia del fútbol mundial.
Años más tarde, Maradona confesó que aquel debut lo llenó de nervios: “Me temblaron las piernas y las manos. Era un ruido bárbaro: la tribuna gritaba, lo que me había dicho Menotti me sonaba en la cabeza. Lo digo honestamente, tenía un julepe bárbaro”. Esa mezcla de ansiedad y emoción reflejaba la magnitud del momento: un chico que soñaba con jugar en la Selección estaba cumpliendo su deseo frente a más de 60.000 espectadores.
El contexto también fue simbólico. Hungría, el rival de aquella tarde, sería el mismo contra el que debutaría Lionel Messi casi tres décadas después, en 2005. Una coincidencia que une a los dos máximos ídolos de la historia argentina bajo un mismo punto de partida.
La decisión de Menotti fue un gesto de confianza hacia el talento emergente. Aunque un año después lo dejaría fuera del Mundial 1978, el entrenador siempre reconoció que aquel debut fue el inicio de una relación indestructible entre Maradona y la Selección. El “Flaco” supo que estaba frente a un jugador distinto.
Ese 27 de febrero no fue solo un amistoso más: fue el nacimiento de una leyenda. Desde entonces, Maradona acumuló 91 partidos y 34 goles con Argentina, coronándose campeón del mundo en México 1986. Pero todo comenzó aquella tarde en la Bombonera, cuando un adolescente que llegaba como "Cebollita" se convirtió en símbolo eterno de la camiseta celeste y blanca.