La muerte de Darío Lopérfido fue confirmada en las últimas horas desde Madrid, ciudad en la que residía desde hacía un tiempo junto a su hijo. El exfuncionario y gestor cultural tenía 61 años y atravesaba desde hacía años un cuadro de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente las funciones motoras.
Su fallecimiento generó repercusión en los ámbitos político, cultural y mediático, donde desarrolló gran parte de su trayectoria.
Lopérfido había hecho público su diagnóstico meses atrás a través de una columna en la revista cultural Seúl, donde abordó sin eufemismos el impacto de la enfermedad en su vida cotidiana.
“El Darío de antes de la enfermedad ya murió. Mientras pueda escribir y compartir algunas cosas con mi hijo, seguiré acá. Después me voy”, escribió en ese texto, que tuvo amplia difusión.
Con el avance de la ELA, también relató las dificultades físicas que enfrentaba: problemas para caminar, deterioro en la voz y complicaciones al alimentarse. Según contó, llegó incluso a utilizar herramientas de inteligencia artificial para procesar grabaciones de su voz y poder continuar con sus participaciones radiales en Radio Rivadavia.

En el debate público sobre el final de la vida, su experiencia fue comparada en varias oportunidades con la del exsenador Esteban Bullrich, quien también padece ELA.
Ambos compartieron el mismo diagnóstico, pero expresaron posturas diferentes respecto de la eutanasia y el acompañamiento en la etapa final, lo que dio lugar a reflexiones públicas sobre los límites de la medicina, la autonomía personal y la legislación vigente.
Darío Lopérfido tuvo una extensa carrera vinculada a la cultura y la comunicación. Durante el gobierno de Fernando de la Rúa, se desempeñó como secretario de Cultura y Comunicación, ocupando un rol central en la política cultural de ese período.
Años más tarde, en febrero de 2015, asumió como director general y artístico del Teatro Colón, uno de los principales escenarios líricos de América Latina.
Durante su gestión impulsó una mayor apertura internacional, con la llegada de artistas extranjeros y de músicos argentinos radicados en el exterior. También promovió innovaciones en el vínculo con el público, como:
Estas iniciativas buscaron ampliar el alcance del Colón y acercarlo a nuevos públicos.

El paso de Lopérfido por la gestión estatal estuvo atravesado por polémicas. En 2016, declaraciones vinculadas al número de desaparecidos durante la última dictadura militar generaron fuertes críticas desde organismos de derechos humanos y sectores políticos.
Ese episodio derivó en su salida del Ministerio de Cultura en julio de ese año y, posteriormente, en su alejamiento de la dirección artística del Teatro Colón en febrero de 2017.
Desde entonces, su figura quedó asociada tanto a su perfil de gestor cultural como a los debates que marcaron su etapa en la función pública.
Tras su salida del Colón, fue designado por el entonces presidente Mauricio Macri como representante especial para la promoción de la cultura argentina en Berlín.
En ese rol, trabajó en la difusión de artistas, proyectos y actividades culturales en Europa, fortaleciendo los vínculos entre Argentina y distintos espacios internacionales.
Finalizada esa etapa, Lopérfido se instaló de manera definitiva en Madrid, donde pasó sus últimos años. Desde allí continuó escribiendo, participando en medios y reflexionando públicamente sobre la enfermedad que atravesaba.
Pese al deterioro progresivo de su salud, mantuvo actividad intelectual y presencia mediática hasta donde se lo permitió su condición física.