Cada 28 de febrero, Taiwán conmemora el Día de la Paz, una fecha que remite al llamado Incidente 228 de 1947 y a uno de los capítulos más oscuros de su historia contemporánea. No se trata solo de una efeméride: es un momento clave para entender cómo la isla pasó del autoritarismo a convertirse en una de las democracias más dinámicas de Asia.
Para comprender lo ocurrido, es necesario retroceder algunos años. Taiwán fue colonia de Japón entre 1895 y 1945. Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, la isla quedó bajo control de la República de China, gobernada por el partido nacionalista Kuomintang, liderado por Chiang Kai-shek.
La llegada de la nueva administración generó rápidamente tensiones. La población local denunciaba corrupción, abusos de poder y una gestión económica deficiente que provocó inflación y escasez. El malestar se acumulaba.
El 27 de febrero de 1947, agentes estatales golpearon a una vendedora ambulante acusada de vender cigarrillos de contrabando en Taipéi. Al día siguiente, una multitud salió a protestar. Las manifestaciones se extendieron por toda la isla y derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
La respuesta del gobierno fue contundente. Se enviaron tropas desde el continente y comenzó una represión sistemática contra líderes comunitarios, estudiantes, profesionales e intelectuales. Las estimaciones varían, pero se calcula que entre 10.000 y 30.000 personas fueron asesinadas en las semanas posteriores.
El Incidente 228 marcó el inicio del llamado Terror Blanco, un largo período de persecución política y ley marcial que se extendió durante casi cuatro décadas. La ley marcial no se levantó hasta 1987, y recién en los años noventa comenzaron los procesos formales de reconocimiento y reparación.

En 1997, el 28 de febrero fue declarado feriado nacional. En la capital, Taipéi, se establecieron espacios de memoria como el 228 Peace Memorial Park y el 228 Peace Memorial Museum. Cada año, el presidente encabeza una ceremonia oficial en homenaje a las víctimas.
En el contexto actual, marcado por las crecientes tensiones entre Taiwán y la República Popular China, la conmemoración adquiere una dimensión adicional. Recordar el 28 de febrero es también reafirmar una identidad basada en la democracia, el pluralismo y los derechos humanos.
El Día de la Paz simboliza la transformación de una tragedia en el fundamento moral de un sistema político. La memoria del 228 no solo honra a las víctimas: explica por qué Taiwán defiende con firmeza su modelo democrático en un entorno regional cada vez más complejo.