En la edición 2011 de Gran Hermano, emitida por Telefe, hubo un grupo que marcó una etapa clave del juego: el frente “anti Cristian U”. En ese bando se alinearon varios de los participantes que, puertas adentro, se autodenominaban “los divinos” de la casa.
La cabeza visible era Solange Gómez Abraham, que tejió una alianza fuerte con Emiliano Boscatto, Ariana Fiorentino, Natalí Kessler, Leandro Pigo, Christian Yáñez y Jonatan Galiano. También orbitaba en ese núcleo Emanuel Di Gioia, quien, si bien tuvo momentos de autonomía, formó parte del armado que buscaba frenar el avance del gran estratega de la edición: Cristian U.
La dinámica era clara: aislarlo, debilitarlo en las nominaciones y exponerlo como el gran villano de la casa. El problema fue que el afuera estaba mirando otra película. Mientras el grupo intentaba consolidarse como bloque mayoritario, el público empezó a leer esa unión como una suerte de “club exclusivo” que apuntaba contra un jugador que, con errores y aciertos, generaba show.
El sistema de voto negativo terminó siendo letal para esa alianza. Cada vez que alguno de los “divinos” quedaba en placa frente a Cristian U o en una nominación picante, la eliminación caía del mismo lado: uno por uno fueron saliendo. Primero se debilitó el círculo más cercano, luego los apoyos estratégicos, hasta que la estructura del grupo quedó completamente desarmada.
Esa seguidilla de expulsiones no solo desmanteló el frente anti Cristian U, sino que consolidó su figura como favorito indiscutido. La casa se fue quedando sin su oposición organizada, y el relato del “todos contra uno” terminó potenciando al propio Cristian que a los pocos meses se quedó con el premio final.