En una época donde la televisión apostaba fuerte a los grandes formatos en vivo y a la ficción de calidad, Alta Comedia se convirtió en un verdadero emblema cultural. El ciclo de unitarios semanales debutó en 1970 por Canal 9 Libertad y marcó un antes y un después en la pantalla chica.
Con emisiones los sábados a las 22, cada programa tenía una duración de 120 minutos y proponía algo poco habitual incluso para esa época: adaptar grandes clásicos del teatro universal y combinarlos con textos originales de autores argentinos. El resultado fue un fenómeno que superó los mil episodios y dejó una huella imborrable.
Bajo la dirección de figuras como María Herminia Avellaneda, Alejandro Doria, Marta Reguera y Alberto Rinaldi, el ciclo reunió a prestigiosos actores del teatro y el cine rioplatense en elencos rotativos que variaban semana a semana. Las historias estaban basadas en clásicos de Molière, Arthur Miller, Luigi Pirandello y Fiódor Dostoievski, entre otros, pero también incluían obras originales de autores como Jacobo Langsner, Alma Bressán, Osvaldo Dragún, Juan Carlos Gené, Abel Santa Cruz, Alfredo Lima, Horacio Meyrialle y Jorge Luis Suárez.
La música de apertura, “Barroco”, compuesta por Raúl Di Blasio, aportaba una identidad solemne y distintiva, acorde al tono del programa. Tras su primera etapa, que se extendió hasta 1975, el ciclo volvió a la pantalla entre 1990 y 1996, manteniendo el espíritu original pero adaptándose a una televisión ya muy distinta. Aun así, logró sostener su prestigio y continuar ofreciendo un espacio dedicado al teatro en la TV abierta.
Alta Comedia no solo fue un éxito de audiencia; fue también una apuesta cultural que demostró que el público podía emocionarse y acompañar propuestas exigentes. En tiempos donde el prime time parecía reservado al entretenimiento más liviano, el programa probó que el teatro clásico y contemporáneo también podía tener rating… y ovación desde el living.