20/04/2026 - Edición Nº1168

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De Argentina a la elite de las MMA

Javier Quintero: “Una cosa son las artes marciales, el ring, el octógono; otra cosa la calle”

03/03/2026 | El luchador platense, integrante del prestigioso equipo Fighting Nerds, analizó la fortaleza mental necesaria para enfrentar el dolor y expuso su filosofía de vida.



Javier Quintero se ha consolidado como una de las figuras más importantes de las artes marciales mixtas (MMA) en la región. Es el único argentino en formar parte de Fighting Nerds, una academia que en 2024 fue elegida como el mejor equipo del mundo en esta disciplina.

Durante su charla en el ciclo Bien Picante con Tomás Méndez, en El Living de NewsDigitales, el deportista explicó que su equipo cuenta actualmente con cerca de diez compañeros compitiendo en la UFC, la franquicia más grande del planeta, lo que le otorga una "chapa" especial dentro del circuito internacional.

Quintero describió con crudeza las secuelas físicas que deja este deporte, destacando que el guante de MMA es apenas de 4 onzas, lo que lo hace sumamente fino y propenso a generar cortes o lesiones en cada intercambio. A pesar de los riesgos, el luchador platense sostuvo que la clave no reside solo en lo físico, sino en la preparación psicológica para aceptar el daño como parte del trabajo.

“Cuando uno se sube a pelear (...) está dentro de las posibilidades. Pasa mucho por la fortaleza mental, es parte de lo que puede suceder, entonces creo que hay que aceptarlo”, afirmó al referirse a la posibilidad de sufrir un knockout o heridas de gravedad.

El "vehículo de vida": de vender un auto a entrenar en Brasil

La historia de Quintero no comenzó en los grandes estadios, sino en una búsqueda personal que inició desde muy chico con el karate. Sin embargo, el momento bisagra de su carrera ocurrió entre los 17 y 18 años, tras atravesar lo que definió como una crisis existencial.

Al preguntarse qué haría con su tiempo si el dinero no fuera un problema, descubrió que su pasión era el entrenamiento. “Llegué a la conclusión de que mi tiempo lo usaría entrenando, pero porque me encanta, es algo que me hace sentir vivo”, relató el luchador, explicando que a partir de ese deseo decidió que el deporte sería su "vehículo de vida".

Para financiar su sueño, tomó una decisión arriesgada: vendió el auto Clio que le había regalado su padre para abrir un gimnasio propio en La Plata. Esa estructura, aunque humilde en sus inicios, fue el puente para que patrocinadores como Pablo Di Benedetto se fijaran en él y facilitaran su traslado a Brasil para profesionalizarse. “Me encargué de toda la parte de logística, dónde iba a entrenar, dónde iba a vivir, todo”, recordó sobre sus primeros pasos en el país vecino, donde debutó profesionalmente antes de regresar a la Argentina para dar a conocer su carrera.

La mente sobre el golpe

Uno de los puntos más reflexivos de la entrevista fue la defensa que Quintero hizo de la intelectualidad del luchador. Recordó con humor y firmeza una anécdota con un antiguo suegro que le había recriminado que "la cabeza se usaba para pensar", sugiriendo que el MMA era una actividad para personas rudas o sin educación.

“La sociedad entiende que somos salvajes, que no sabemos hablar, que sí o sí la gente piensa que un peleador tiene que ser analfabeto y creo que va totalmente a lo opuesto”.

Para Javier, el MMA es el deporte más difícil del mundo porque obliga al atleta a dominar múltiples escenarios y reglamentos en uno solo, como el boxeo, el wrestling y el jiu-jitsu.

Esta complejidad técnica demanda una presencia mental absoluta, donde el diálogo interno puede ser el peor enemigo. “Lo más importante es tener un diálogo interior o al menos la conciencia de escucharte de qué te estás diciendo”, señaló, remarcando que en medio de un combate no hay tiempo para dudas, pero sí para comandar las acciones desde la conciencia.

La ética del guerrero: el ring vs. la calle

Quintero también marcó una diferencia tajante entre el combate deportivo y la violencia callejera. A pesar de su capacidad para finalizar una pelea con "una mano bien puesta", aseguró que sus valores provienen del karate y que nunca buscaría un conflicto externo.

“Yo siempre separo: una cosa son las artes marciales, el ring, el octógono; otra cosa es la calle. Al guapo siempre le va mal donde sea”.

Luego, manifestó que el peleador profesional suele estar tan "curtido" y cansado por sus entrenamientos diarios que es el último en querer pelearse en la vía pública.

No obstante, admitió que el entrenamiento le ha otorgado una "situación observacional" constante. Al caminar por la calle, analiza el entorno, evita las paredes y observa las manos de los desconocidos como una forma de defensa personal preventiva. Aunque aclaró que su búsqueda actual es salir del nicho deportivo para mostrarse como una persona genuina y auténtica, conectando con el público más allá de los golpes.

Realidad económica y el futuro en el octágono

Al cierre de la entrevista, Quintero analizó la situación económica de los deportistas de contacto en Argentina. Reveló que los eventos locales pagan aproximadamente 300.000 pesos por pelea, una cifra que apenas sirve para sostenerse por unos días, lo que obliga a los atletas a buscar mercados más grandes como Estados Unidos o Asia para lograr una verdadera estabilidad.

A pesar de las dificultades y de haber peleado gratis en sus comienzos, Quintero mantiene su enfoque en el crecimiento personal y en representar a su equipo con orgullo. “La cabeza fuerte es fundamental en todo, imagínate un deporte donde el dolor es parte”, concluyó, reafirmando que su objetivo es seguir escalando peldaños hasta consolidarse en los escenarios más importantes del planeta.

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