por Valentina Casalongue
Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una iniciativa global convocada por la Federación Mundial de la Obesidad (WOF) para concienciar sobre esta enfermedad crónica y compleja.
La campaña de este año, titulada “8 mil millones de razones para actuar”, pone el foco en que esta problemática afecta a toda la sociedad (la cifra representa la totalidad de la población mundial), y exige un cambio que abandone la estigmatización individual.
4 de marzo de 2026: una crisis sanitaria en ascenso. Según proyecciones de la Federación Mundial de la Obesidad, se espera que para el año 2035, unos 4.000 millones de personas (la mitad de la población mundial) vivan con sobrepeso u obesidad. Actualmente, más de 1.000 millones de personas ya conviven con esta condición en todo el mundo.
La emergencia de la obesidad infantil: la prevalencia de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes en edad escolar ha escalado del 4% en 1975 a casi el 20% en 2022, con un crecimiento más marcado en países de ingresos bajos y medios. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citadas en 2025, para 2035 se estima que 543 millones de menores vivirán con sobrepeso u obesidad.
El impacto del sedentarismo: la OMS informó en junio de 2024 que el 31% de los adultos y el 80% de los adolescentes no cumplen con los niveles recomendados de actividad física. Esta inactividad supone un riesgo de mortalidad entre un 20% y 30% superior en comparación con las personas activas.
La medicina actual busca integrar el tratamiento farmacológico con intervenciones conductuales. En este contexto, el Dr. Roberto Cortese, director de los Monitores de Obesidad y Enfermedades Cardiometabólicas de Ipsos, señaló este 4 de marzo de 2026:
"Necesitamos cambiar la narrativa: no es una falla personal, sino una enfermedad crónica compleja que merece empatía y apoyo sistémico".
En el ámbito local, la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM) adhiere a la jornada subrayando la necesidad de unificar criterios diagnósticos. La institución destaca la importancia de subdividir la enfermedad en etapas preclínica (función orgánica preservada) y clínica (evidencia de disfunción o limitación en actividades), descentralizando el rol exclusivo del Índice de Masa Corporal (IMC) en la evaluación individual.
Asimismo, investigaciones locales en Río Negro (2025) indican que herramientas como la Ley de Etiquetado Frontal están impactando en las decisiones de compra, especialmente el sello de "Exceso de azúcares".
A pesar de que la OMS clasifica la obesidad como una enfermedad, un estudio de Ipsos realizado en 14 países y publicado hoy, revela que dos tercios (66%) de las personas que viven con esta condición aún creen que su situación es "prevenible mediante elecciones personales", lo que demuestra la profundidad del autoestigma internalizado.