Una ciudad defendida por sus propios habitantes. Ese es el episodio que dio origen a la Cincomarzada, una de las celebraciones populares más emblemáticas de Zaragoza, que recuerda la jornada en que la población logró expulsar a un ejército que buscaba ocupar la capital aragonesa en plena guerra civil española del siglo XIX.
El hecho ocurrió el 5 de marzo de 1838, durante la Primera Guerra Carlista, el conflicto que enfrentó a los partidarios del pretendiente Carlos María Isidro con quienes defendían el trono de Isabel II. En ese contexto, el general carlista Juan Cabañero y Esponera organizó un ataque sorpresa contra Zaragoza con alrededor de 3.000 soldados.

La ofensiva buscaba aprovechar una situación estratégica favorable: la ciudad contaba con una guarnición reducida, ya que muchas tropas habían sido enviadas a otros frentes del conflicto. Durante la madrugada, las fuerzas carlistas lograron entrar por algunos accesos y avanzar hacia distintos sectores de la ciudad.
Pero lo que parecía una operación rápida se convirtió en una resistencia espontánea de los propios vecinos. Comerciantes, milicianos y ciudadanos comenzaron a organizarse para frenar el avance de los atacantes utilizando armas de caza, herramientas y cualquier objeto disponible.

La reacción fue tan intensa que las tropas carlistas no lograron consolidar su control. Con el paso de las horas, la resistencia popular fue ganando fuerza y obligó a los invasores a retirarse, frustrando el intento de ocupar Zaragoza. El episodio quedó grabado en la memoria de la ciudad. Como reconocimiento a esa defensa colectiva, Zaragoza incorporó al escudo el título de “Siempre Heroica”, en referencia al papel decisivo de su población durante aquel ataque.
Con el tiempo, aquella jornada pasó a formar parte de la identidad local. La Cincomarzada se celebra hoy como una fiesta ciudadana en la que vecinos y asociaciones se reúnen para compartir actividades culturales, comidas populares y encuentros al aire libre.
El punto central de la celebración es el Parque del Tío Jorge, donde cada año se instalan puestos, escenarios y espacios para actividades comunitarias. Allí, miles de personas participan de una jornada que combina memoria histórica, tradición y vida barrial en uno de los encuentros populares más característicos de Zaragoza.