El 10 de marzo de 2006, a dos semanas del trigésimo aniversario del golpe de Estado de 1976, la Fuerza Aérea Argentina protagonizó uno de los gestos institucionales más significativos en el proceso de revisión del papel de las Fuerzas Armadas durante la última dictadura.
Ese día, su jefe, el brigadier Eduardo Augusto Schiaffino, pronunció una autocrítica pública en la que reconoció responsabilidades institucionales por violaciones a los derechos humanos cometidas durante el terrorismo de Estado.
El discurso se realizó en el Edificio Cóndor, sede central de la fuerza, durante el acto de inicio del año militar, y contó con la presencia de la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, junto a brigadieres y comandantes de unidades aéreas de todo el país.

En su intervención, Schiaffino sostuvo que la Fuerza Aérea tenía la obligación moral de reconocer el accionar de algunos de sus integrantes durante la dictadura.
“La Fuerza Aérea que hoy me toca conducir asume la obligación moral ante la Nación de reconocer y repudiar los hechos contra la dignidad del hombre cometidos por integrantes de nuestra institución en aquellos días”, expresó.
El jefe militar también remarcó que dentro de la institución no debía existir ninguna forma de justificación frente a esos hechos. “No hay solidaridad con el delito, no hay solidaridad con la tortura y no hay solidaridad con la cobardía”, afirmó.
Sus palabras se produjeron en un contexto político marcado por la política de derechos humanos impulsada por el entonces presidente Néstor Kirchner, que había impulsado la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad y buscaba reforzar la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil.

El mensaje del brigadier también tuvo un episodio que generó repercusiones. Al leer el texto preparado, Schiaffino omitió en un primer momento la palabra “repudiar”, lo que modificaba el sentido de la frase central del mensaje.
Luego del acto, el jefe de la Fuerza Aérea aclaró que se trató de un error en la lectura y confirmó que la institución sí repudiaba esos hechos.
Más allá de ese episodio, el discurso incluyó definiciones sobre el respeto a la ley y el rol de las Fuerzas Armadas en democracia. Schiaffino señaló que el cumplimiento de la ley “no es una elección, es una obligación” y afirmó que sólo a partir de la verdad y la justicia podía alcanzarse la cohesión social necesaria para el desarrollo del país.
Otro punto que generó incomodidad durante el discurso fue la utilización del término “excesos” para referirse a los delitos cometidos durante la represión ilegal.
La expresión evocaba una fórmula utilizada por los propios responsables del régimen militar para relativizar las violaciones a los derechos humanos. El dictador Jorge Rafael Videla había apelado a ese término en 1979 al afirmar que en la represión “solo hubo excesos”, una idea que también repitió su sucesor en la presidencia de facto, Roberto Eduardo Viola.
Sin embargo, ya en 1985, el histórico Juicio a las Juntas había establecido judicialmente la existencia de un plan sistemático de represión ilegal ejecutado desde el Estado.
El pronunciamiento de Schiaffino se inscribía en una serie de gestos institucionales de las Fuerzas Armadas en relación con el pasado dictatorial.
Entre los antecedentes más relevantes se encontraba la autocrítica realizada en 1995 por el entonces jefe del Ejército, Martín Balza, quien reconoció la responsabilidad institucional de la fuerza en los crímenes cometidos durante la dictadura y cuestionó el principio de obediencia debida frente a órdenes ilegales.
En el caso de la Fuerza Aérea, los pronunciamientos anteriores habían sido más ambiguos. En 2004, el entonces jefe de la fuerza, Carlos Rohde, había generado controversia al afirmar que durante la dictadura hubo “errores y horrores de ambas partes”, una declaración que luego debió rectificar.
El discurso de Schiaffino se produjo además en un momento de fuerte impulso a las políticas de memoria impulsadas por el gobierno nacional.
Dos años antes, en 2004, el general Roberto Bendini había protagonizado una imagen simbólica al retirar por orden de Kirchner los cuadros de Videla y de Reynaldo Benito Bignone del Colegio Militar.
También se había producido la decisión del gobierno de convertir la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención del país, en un espacio de memoria.
Tras el acto, la ministra Garré destacó el discurso del jefe de la Fuerza Aérea y lo consideró un paso importante en el proceso de acercamiento entre las Fuerzas Armadas y la sociedad.
La funcionaria señaló que la autocrítica era fundamental para consolidar una etapa de “reencuentro” entre las instituciones militares y la ciudadanía, aunque remarcó la necesidad de continuar fortaleciendo la formación de los cuadros militares en materia de derechos humanos.
En la misma línea se expresó el entonces secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, quien valoró las palabras de Schiaffino como “un paso positivo” hacia una institución militar plenamente sujeta a la ley y respetuosa de los principios democráticos.