El 16 de marzo de 1968, una operación militar estadounidense en la provincia vietnamita de Quảng Ngãi terminó en una de las masacres más impactantes del siglo XX. Tropas de la Compañía C del 20.º Regimiento de Infantería entraron en la aldea de My Lai con la misión de eliminar supuestas posiciones del Viet Cong. En lugar de combatientes, encontraron campesinos desarmados: ancianos, mujeres y niños que vivían de la agricultura. Lo que siguió fue una matanza sistemática que duró varias horas.
Los soldados reunieron a los habitantes en caminos, zanjas y campos abiertos antes de disparar contra ellos. Las víctimas fueron ejecutadas a corta distancia y muchas casas fueron incendiadas. Investigaciones posteriores estimaron que entre 347 y 504 civiles murieron aquel día. La violencia incluyó además abusos sexuales y la destrucción deliberada de viviendas, convirtiendo la operación en uno de los crímenes de guerra más notorios del conflicto.
La matanza comenzó a detenerse cuando el piloto de helicóptero estadounidense Hugh Thompson Jr., que sobrevolaba la zona en una misión de reconocimiento, observó lo que estaba ocurriendo en tierra. Thompson aterrizó su helicóptero entre soldados estadounidenses y aldeanos sobrevivientes y ordenó a su tripulación apuntar sus armas contra los propios militares si continuaban disparando. Gracias a esa intervención, varios civiles lograron ser evacuados y salvar la vida.
Entre los oficiales presentes, el teniente William Calley se convirtió en la figura más asociada con la masacre. Testimonios de soldados y testigos indicaron que Calley ordenó abrir fuego contra grupos de aldeanos. Años después, durante el proceso judicial, la fiscalía lo responsabilizó directamente por la muerte de decenas de civiles.

Inicialmente, el ejército estadounidense informó que la operación había eliminado a más de un centenar de guerrilleros enemigos. Sin embargo, la versión oficial comenzó a desmoronarse cuando soldados denunciaron lo ocurrido y periodistas investigaron el caso. En 1969, reportajes y fotografías de la matanza circularon por el mundo, generando indignación internacional.
El escándalo provocó una investigación militar que llevó a acusar a varios soldados. Sin embargo, solo el teniente William Calley fue condenado en 1971 por asesinato. Aunque recibió inicialmente cadena perpetua, su pena fue reducida y terminó cumpliendo cerca de tres años bajo arresto domiciliario.

La masacre de My Lai tuvo un profundo impacto político y moral. Para muchos estadounidenses, se convirtió en un símbolo de los excesos de la guerra de Vietnam y alimentó el creciente movimiento antibélico dentro de Estados Unidos. Décadas después, el episodio sigue siendo estudiado como una advertencia sobre los riesgos de la deshumanización en los conflictos armados modernos.
