10/05/2026 - Edición Nº1188

Política

A 50 años del golpe

Milei y lo que dejó el 24 de marzo: 4 claves detrás de la Plaza de Mayo llena

25/03/2026 | Un efecto "boomerang" y un efecto "catalizador" sirvieron para engrosar la convocatoria. La coyuntura completó el cóctel adverso para LLA.



En un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, la movilización del 24 de marzo volvió a mostrar una fuerte capacidad de convocatoria. Tal vez superior a la de años anteriores.

Es difícil encontrar motivos lineales. Seguramente influyan distintas variables. Por lo pronto, ofrecemos algunos punteos. Concretamente, cuatro factores “explicativos”.

El boomerang de la batalla cultural

La batalla cultural impulsada por el gobierno aceleró, con un estilo más frontal, lo que incipientemente había intentado Cambiemos en 2016 y 2017: “desmonopolizar” el relato sobre lo ocurrido en la década del 70. A diferencia de aquella etapa, el enfoque libertario fue directo, sin gradualismo ni cálculo de costos y beneficios.

Tampoco se trata de una visión reciente. La mirada de Milei se venía gestando desde años atrás en ámbitos libertarios y sectores de derecha que buscaban poner el foco en la violencia de las organizaciones guerrilleras, incluso bajo gobiernos constitucionales, y en “desromantizar” a la llamada “juventud maravillosa”.

En ese objetivo, la estrategia oficial parece haber tenido algún resultado parcial: hay más sectores que no subestiman el rol de los grupos armados y vuelve a instalarse, al menos en parte, la idea de los “dos demonios” como explicación del período. La propia Victoria Villarruel viene trabajando sobre la visibilización de las víctimas del terrorismo guerrillero, una agenda que ganó peso público hasta consolidarse políticamente. Tal es así que fue elegida vicepresidenta. Un dato no menor de lo que se había gestado y de cómo la hegemonía K sobre los 70 ya no estaba tan firme.

Sin embargo, el efecto no fue unidireccional. Así como el gobierno sumó adhesiones a su idea de “relato completo” o “historia verdadera”, también provocó una reacción inversa: sectores kirchneristas, progresistas y de izquierda incrementaron su nivel de movilización. En ese sentido, el resultado se asemeja a un boomerang: amplía la base propia, pero también reactiva a quienes estaban más desmovilizados tras años de hegemonía discursiva.

Rendimientos marginales decrecientes

Los videos institucionales difundidos por el gobierno en cada 24 de marzo evidencian una pérdida progresiva de impacto. El de 2024 generó un fuerte contraste con el tono habitual de la fecha y logró mayor repercusión. Sin embargo, en 2025 y ahora en 2026, ese efecto se fue diluyendo.

Operan aquí los llamados rendimientos decrecientes, que el propio Milei conoce muy bien por su faceta como economista: el factor sorpresa alcanza un pico, se agota y la capacidad de instalar agenda disminuye. Incluso en redes sociales, el material oficial tuvo una circulación más limitada.

En esta última edición, el video fue en gran medida ignorado por la oposición y tampoco despertó un entusiasmo significativo dentro del propio oficialismo para su difusión. En ese marco, la postura del gobierno perdió parte de su capacidad de irrupción en la conversación pública.

El “2x1” ayuda

La coyuntura política influye directamente en la masividad de las marchas del 24 de marzo. En este caso, el hecho de que gobierne un presidente de “derecha” tiende a reforzar la convocatoria.

Se configura así una suerte de “2x1”: la movilización mantiene su sentido histórico, pero al mismo tiempo funciona como una señal política contra el gobierno de turno. Este fenómeno no es nuevo. Durante la presidencia de Mauricio Macri, consignas como “Macri, vos sos la dictadura” sintetizaban esa lógica.

En la actualidad, con Javier Milei, se observa un mecanismo similar: el 24 de marzo se convierte también en una oportunidad para expresar rechazo político y construir una derrota simbólica del oficialismo en el terreno de la calle.

Percepción de debilidad

Relacionado con el punto anterior, pero con matices propios, aparece la percepción de debilidad del gobierno como un factor que potencia la movilización.

Al hecho de que el 24 de marzo sirve como un 2x1, la estricta coyuntura profundizó la convocatoria. El gobierno viene de semanas complejas: Adorni, $Libra y una economía que no logra florecer. Fue un coctel que ayudó a la oposición a envalentonarse. Y otro factor adicional: a diferencia de lo que ocurría con Macri, da la impresión de haber un público no menor que es simultáneamente anti-mileista y anti-kirchnerista.

Es un grupo que se sintió excluido de las marchas del 24 de marzo cuando hegemonizaba el discurso K, y que tal vez ahora se anima a volver a la plaza, no porque se haya acercado al kirchnerismo sino porque repele la versión libertaria de la historia y también, obviamente, su gestión o estilo. Los une el espanto.

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