Al igual que en la previa de las elecciones del 26 de octubre del año pasado, el Gobierno vuelve a mostrar dificultades en las dos agendas principales: la económica y la judicial. En el frente económico, se observa un estancamiento -e incluso una caída- de los salarios reales, junto con una inflación que se mantiene más cerca del 3% mensual que del 0%, un objetivo que hasta hace no mucho tiempo aparecía como aspiración oficial.
De todos modos, no puede hablarse de un escenario de crisis aguda: no hay estallido inflacionario, ni cambiario, ni un salto abrupto en el desempleo, más allá de que la desocupación mostró un incremento hacia el cierre de 2025.
La calma cambiaria, de hecho, se consolida como uno de los principales activos del Gobierno, en un país donde históricamente el dólar funciona como termómetro de la gestión. Se trata de un tipo de cambio estable, con el Banco Central acumulando reservas en más de 50 ruedas consecutivas y con una tasa de interés baja en términos reales, tras la volatilidad que caracterizó a 2025.
En paralelo, durante las últimas dos semanas, la agenda mediática y en redes sociales estuvo dominada por la situación de Manuel Adorni y el caso $LIBRA. En ese contexto, surge un interrogante clave: ¿le conviene a la oposición que la crítica al Gobierno se concentre en el plano judicial o ético? Depende de qué oposición se trate.
Para el kirchnerismo, este enfoque puede resultar un arma de doble filo. El espacio también carga con antecedentes vinculados a irregularidades en la gestión pública, lo que limita su capacidad de capitalizar ese tipo de agenda.
Si la discusión pública queda dominada por lo judicial, pero la economía muestra cierto orden -o al menos no se descontrola-, una posible consecuencia es que la eventual pérdida de apoyo al oficialismo no se traduzca en un fortalecimiento del kirchnerismo, sino en el crecimiento de fuerzas con perfil “honestista” o “republicano”.
Somos la generación del cambio. pic.twitter.com/dZQXHOARw0
— PRO (@proargentina) March 20, 2026
En ese escenario, el PRO aparece como el principal beneficiario. En términos simplificados, el partido acompaña la agenda económica del Gobierno, pero al mismo tiempo puede tomar distancia de los escándalos judiciales.
Si la economía se sostiene razonablemente y el oficialismo se ve afectado en el plano institucional, el PRO no solo quedaría indemne, sino que podría transformarse en receptor del desencanto libertario.
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— María Eugenia Vidal (@mariuvidal) March 25, 2026
Su problema, en cambio, sería un deterioro económico: si el Gobierno se debilita por esa vía, el PRO difícilmente logre diferenciarse y podría quedar arrastrado en la caída. Los dos se hunden.

En ese caso, el peronismo podría reemerger como alternativa. Por eso no resulta casual que las principales figuras del kirchnerismo no profundicen en exceso sobre el caso $LIBRA o la situación de Adorni, sino que busquen mantener en primer plano la insatisfacción económica.
Así lo expresó, por ejemplo, Mayra Mendoza durante su visita a Expoagro, cuando la atención estaba puesta en la presencia de la esposa de Adorni en un vuelo oficial: “No me parece bien. Es grave, y más por parte de funcionarios que además se jactan de no tener gastos extras, sabiendo lo que está viviendo el país. Igual, me parecen mucho más graves otras cosas: el cierre de Fate y de más de 20.000 pymes, lo que sucede con los jubilados, la desprotección a las personas con discapacidad, el desfinanciamiento a las universidades y sus consecuencias”.
“Así que lo de Adorni, por supuesto, me parece mal, pero el rumbo que va tomando la Argentina en los próximos meses, en un contexto mundial muy delicado, es lamentable y preocupante”, completó en aquella oportunidad.
Cristina y Máximo Kirchner comparten ese diagnóstico y, desde la llegada de Javier Milei al Gobierno, han intentado instalar la agenda económica en el centro del debate. La ex presidenta lo hizo en reiteradas oportunidades al referirse al endeudamiento de las familias y al aumento de la mora.
En el Día del Militante, recibimos en San José 1111 a un grupo de economistas que en representación de más de 80 profesionales me entregaron y presentaron consideraciones y propuestas sobre un modelo económico nacional de crecimiento productivo y federal para el siglo XXI.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) November 17, 2025
Todos… pic.twitter.com/l1AvAjadNI
En paralelo, Axel Kicillof, desde otra trinchera peronista, también se muestra más cómodo en ese terreno. De todas formas, en su caso, podría contar con una ventaja: no aparece directamente salpicado por denuncias de corrupción, lo que le permitiría transitar con mayor margen una agenda judicial más intensa.
La incógnita, sin embargo, es si el electorado hará esa distinción o si lo ubicará dentro de un espacio político más amplio atravesado por numerosas condenas.
El principal riesgo que corremos es que convenzan a la sociedad de que este modelo de ajuste y destrucción del tejido productivo era inexorable. En eso debemos ser muy claros: vamos a sumar a todos los que comprendan que estamos en la otra vereda de estas políticas económicas y… pic.twitter.com/Q7K6iFZ1uH
— Axel Kicillof (@Kicillofok) March 19, 2026
En el corto plazo, la impresión es que el Gobierno solo podrá intentar desplazar la agenda judicial mediante la actividad parlamentaria, impulsando iniciativas como la reforma del Código Penal y aprovechando una correlación de fuerzas más favorable en el Congreso.
La economía, por ahora, no aparece como una vía de escape inmediata. No obstante, las consultoras anticipan que, a partir de abril, la inflación podría retomar una senda descendente, lo que le daría al oficialismo algo de oxígeno en uno de los frentes donde ha logrado mostrar avances concretos.