El 30 de marzo de 1915 nació Arsenio Erico, el máximo goleador de la historia del fútbol argentino y una de las grandes leyendas de Club Atlético Independiente.
Nacido en Paraguay, llegó a la Argentina en la década del 30 escapando de la Guerra del Chaco. En esos primeros años, antes de convertirse en figura, participó en partidos y colectas solidarias para ayudar a los combatientes heridos, un costado poco difundido que habla de su compromiso social desde muy joven.

Ya instalado en el país, su irrupción en Independiente marcó un antes y un después. Entre 1934 y 1946 convirtió 295 goles en Primera División, una cifra récord que aún hoy nadie pudo superar.
Más allá de los números, lo que lo distinguía era su manera de jugar: técnica refinada, inteligencia dentro del área y una capacidad goleadora que lo ponía siempre un paso adelante.
Incluso hay detalles menos conocidos que dimensionan su figura. Durante buena parte de su carrera jugó con dolores en sus rodillas, en una época donde los tratamientos médicos eran muy precarios. Aun así, nunca dejó de rendir al máximo nivel.
También se lo recuerda por su potencia en el juego aéreo: su capacidad de salto para cabecear sorprendía en un fútbol mucho más físico y menos desarrollado en lo técnico que el actual.
Fuera de la cancha, mantuvo un perfil bajo. A pesar del reconocimiento masivo, evitó la exposición y llevó una vida sencilla. Rechazó algunos homenajes en vida y siempre sostuvo que el verdadero protagonista era el público.
Además, colaboró con distintas causas sociales tanto en Argentina como en Paraguay, manteniendo un fuerte vínculo con su país natal. Si bien nunca disputó un Mundial, su nombre quedó definitivamente ligado a la historia grande del fútbol argentino. La Asociación del Fútbol Argentino reconoce su marca como un récord absoluto que atraviesa generaciones.
Arsenio Erico falleció el 23 de julio de 1977, pero su legado sigue vigente. Cada 30 de marzo no solo se recuerda al goleador, sino también al hombre que, con talento y humildad, dejó una huella imborrable en el fútbol nacional.